jueves 16 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

El devenir de las ideas políticas

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Ante el continuo devenir sobre las ideas y la práctica de la política, como politólogo me vino el propósito de hacer un artículo sobre el tema. En comprobación de este continuo devenir empezamos con Aristóteles para quien la política es el poder que se ejerce en un territorio autárquico. La autarquía (régimen capaz d bastarse por si mismo) fue superada por la historia hace ya varias centurias, pero la identificación entre política y poder ha trascendido los siglos que nos separan de Aristóteles, reafirmándose con Santo Tomas de Aquino, Maquiavelo, Montesquieu; deteniéndonos en Thomas Hobbes, quien en su libro Leviatán hace una enumeración de los recursos del poder.

Ya en el mundo contemporáneo, científicos de la política de Georges Burdeau, Harold Lanski, Harold Laswell, Robert Dahl concuerdan en que: “La política se encarna en lo concreto bajo la figura del poder. Política y poder son inseparables y la intimidad de su unión es tal que, el carácter político debe ser reconocido en todo fenómeno concerniente a la formación, la estructura o la actividad del poder.”

El sociólogo y economista alemán Max Weber sostiene: “Cuando se dice que una cuestión es política, o que son políticos un ministro o un funcionario, o que una cuestión esta políticamente condicionada, lo que quiere significarse siempre es que la respuesta a esa cuestión, o la determinación de la esfera de la actividad de aquel funcionario, o las condiciones de esa decisión, dependen directamente de los intereses en torno a la distribución, la conservación o la transferencia del poder. Quien hace política aspira al poder, al poder como medio para la consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder por el poder, para gozar del sentimiento de prestigio que él confiere”

Política es poder y eso debe ser suficientemente claro. El politólogo Robert Dahl afirma:” El estar claramente orientad respecto a las palabras a menudo ayuda a estar claramente orientado en la política, ya que esta es una actividad en la que el lenguaje es extraordinariamente ambiguo y muchas veces se usa con fines perversos o propagandísticos.”

Tomando lo social, igual se puede hacer con lo económico, como otra demostración de este devenir, encontramos como en el estado ideal de Platón no debe haber ni opulencia ni pobreza “porque la una, la opulencia, engendra la pobreza, la haraganería y el gusto excesivo de las novedades, y la otra ese mismo gusto excesivo de las novedades, con la más bajeza y el deseo de hacer daño.”

Veintiún siglos después, Juan Jacobo Rousseau nos dirá en “El contrato social”: “que ningún ciudadano sea suficientemente opulento para poder comprar a otro, ni ninguno bastante pobre para ser obligado a Venderse.”

(Continuará)

luispinillapinilla@hotmail.com

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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