jueves 18 de abril de 2019 - 12:00 AM

El devenir del arte y la política

Como especie de continuación del artículo anterior, al igual que como “celebración” de Semana Santa, permítanme. Somos seres humanos en proceso de realización, proceso que termina a pesar de los años que hayamos vivido, porque al contrario los años son un acicate para ver que el infinito está próximo, si mantenemos nuestras ansias de paraíso y nuestra sed de eternidad. Al pensar en ello exclamo con el poeta: “¡Que pequeñas son mis manos en relación con todo lo que Dios y la vida han querido darme! Al permitirme sentir, amar, y expresar con la palabra y el color la maravilla de la vida.” Todos desde otras profesiones u oficios, desde nuestra labor de constructores de hogar y padres de hijos, algunos hoy con alas propias, podemos buscar en nuestra realización como artistas, el culmen de ser personas y personas capaces de descubrir y mostrarnos valores y realidades nuevas que de otra manera quedarían ocultas.

En una época de la humanidad en la que aunque percibimos una búsqueda espiritual, en la práctica vemos la muerte de muchos valores, de tal manera que a veces pareciera, como decía Nietzche, que Dios hubiera muerto, para la sociedad, dándole paso a la entronización de ídolos nuevos en el dinero, el poder, el éxito externo y el egoísmo. Sin embargo, seguimos teniendo las mismas preguntas existenciales y eternas del hombre. Quiénes somos, de dónde venimos. A qué vinimos. Qué sentido tiene la vida y toda su lucha. Preguntas a las que la angustia diaria y la presión social no nos permiten encontrar respuestas y seguimos como marionetas en busca de resultados, por los cuales se nos mide, aunque a veces no nos traigan la verdadera felicidad ni realización.

Esta época del dinero y el triunfo fácil hace más importante el trabajo de recuperar “el arte” para todos aquellos que tratan de realizar a través suyo el encuentro de una vida más plena para nuestro ser y no solo para unos genios privilegiados. Cada día, cada semana, cada pincelada, cada obra, cada esfuerzo, realizado es una aproximación a ese paraíso que intuimos, pero que a veces no sabemos encontrar, absortos en una realidad llena de soledad, violencias y corrupción como la que nos rodea. “Lo admirable, decía Ernesto Sábato, es que el hombre siga luchando y creando belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil”. Y ese es el regalo que nos da la vida cuando tratamos de encontrar un nuevo sentido para seguir luchando. Cuando la meta personal apremia y la tarea humana se transforma, podemos encontrar nuevos horizontes, como padres, como personas, como integrantes de una sociedad que pide a gritos orientación y caminos para recorrer. Es preciso recuperar una familia en la que se vivan los valores éticos y estéticos que nos permitan vivir una vida más humana.

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