jueves 06 de junio de 2019 - 12:00 AM

“Hay que sacar el diablo, no hay más que hacer”

Canta Eugenio Arellano. Con el mismo título escribí mi columna en Vanguardia hace más de diez años (4dic.2008); no obstante, como la situación del país, del mundo, sigue tan traumática como entonces, me permito regresar al pasado. Eso sí, repitiendo la cita de David Bushnell: “hacia 1930, Colombia estaba a punto de ser aclamada como democracia latinoamericana ejemplar”. En lugar de ello viene la violencia partidista que culmina, década del 50, con la constitución del Frente Nacional.

Me permito hacer una enunciación de los Presidentes que han gobernado a Colombia desde entonces, 1958: Alberto Lleras Camargo; Guillermo León Valencia Muñoz; Carlos Lleras Restrepo; Misael Pastrana Borrero; Alfonso López Michelsen; Julio César Turbay Ayala; Belisario Betancur Cuartas; Virgilio Barco Vargas; César Gaviria Trujillo; Ernesto Samper Pizano; Andrés Pastrana Arango; Álvaro Uribe Vélez; Juan Manuel Santos; Iván Duque. Y me atrevo a enorgullecerme de hacer sido biógrafo, con ediciones satisfactoriamente impresas, de tres de ellos: Misael Pastrana, Valencia, Betancur.

Remontándome a mis más de 20 años de profesor de historia y ciencias políticas, Universidades Javeriana y Sergio Arboleda, mi invitación es a que, de 1 a 10, “califiquemos” la función de cada uno de estos catorce Presidentes. Por mi parte considero en que, sin ponerme a nombrarlos, uno de ellos merece un 2 sobre 10; dos de ellos merecen un 4 ó 5 sobre 10; a cinco de ellos los califico entre 5 y 7 sobre 10; a cuatro los califico entre 6 y 8 sobre 10. A dos los califico entre 8 y 9 sobre 10. E invito a cada uno de mis lectores a asignar una calificación a cada uno de estos catorce Presidentes y designar que “diablo” es necesario sacar.

Después de todo esto terminemos “acompañando” a Álvaro Santamaría en su canción: “La paz no es un negocio de señores; / no es tregua para armarse mucho más; / la paz no es el silencio de unas noches, / ni el trémulo suspiro del llorar. / La paz es rico fruto de perdones; / es trueque de las armas por el pan; / la paz es el festín de corazones / que buscan horizontes de unidad.”

Todo ello porque sin paz no hay vida y llevando siempre muy presente que la violencia es inherente a la corrupción.

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