jueves 22 de enero de 2009 - 10:00 AM

¡Cesó la horrible noche!

Es verso de nuestro himno nacional que bien podemos entonar hoy para Estados Unidos y el mundo, ante la terminación de ocho años de mandato de George W. Bush, tan siniestro como para la opinión pública de USA despedirlo con un índice de rechazo del 78%.

Han cambiado, para USA y el mundo, personas, objetivos e intereses, siguen procesos de recuperación y crecimiento a los cuales hay que darles tiempo y donde habrá avances y retrocesos, Frases sueltas del discurso de posesión de Barack Obama, sin comentarios, dan luces sobre qué se puede esperar:

'Nuestra economía está gravemente debilitada, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por el fracaso colectivo a la hora de elegir opciones difíciles y de preparar a la nación para una nueva era.

'Hoy nos reunimos porque hemos elegido la esperanza sobre el temor, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia. Hoy hemos venido a proclamar el fin de las quejas mezquinas y las falsas promesas, de las recriminaciones y los dogmas caducos que durante demasiado tiempo han estrangulado a nuestra política.

'Nuestra capacidad no ha disminuido. Pero el tiempo del inmovilismo, de la protección de intereses limitados y de aplazar las decisiones desagradables, ese tiempo seguramente ha pasado. A partir de hoy debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y volver a empezar la tarea de rehacer Estados Unidos. Porque allí donde miremos, hay trabajo por hacer.

'Lo que no entienden los cínicos es que el terreno que pisan ha cambiado y que los argumentos políticos estériles que nos han consumido durante demasiado, tiempo ya no sirven.

'La cuestión para nosotros tampoco es si el mercado es una fuerza del bien o del mal. Su poder para generar riqueza y expandir la libertad no tiene rival, pero esta crisis nos ha recordado a todos que sin vigilancia, el mercado puede descontrolarse y que una nación no puede prosperar durante mucho tiempo si favorece sólo a los ricos.

'Comenzaremos a dejar Irak de manera responsable, a su pueblo y forjar una paz ganada con dificultad en Afganistán.
'En un momento en que el desenlace de nuestra revolución estaba más en duda, el padre de nuestra nación mandó a que se leyeran al pueblo estas palabras: ‘Que se cuente al mundo del futuro que en las profundidades del invierno, cuando nada salvo la esperanza y la virtud podían sobrevivir, la urbe y el país, alarmados ante un peligro común, salieron a su paso.’ Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras privaciones, recordemos esas palabras eternas.

Con esperanza y virtud, sorteemos nuevamente las corrientes heladas y aguantemos las tormentas que nos caigan encima. Que los hijos de nuestros hijos digan que cuando fuimos puestos a prueba nos negamos a permitir que este viaje terminase, no dimos la vuelta para retroceder y con la vista puesta en el horizonte y la gracia de Dios encima de nosotros, llevamos aquel gran regalo de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones venideras.'

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