jueves 05 de mayo de 2022 - 12:00 AM

II – La Variedad de sucesos que trae la vida

Regresando a esa ingente variedad de sucesos, vuelvo al libro enunciado en mi artículo anterior de mi hermano Nilson “Ética pública y ética del abogado”.

Dando ejemplo de acatamiento de deberes y obligaciones, más que vociferando en reclamo de derechos inflados, deben ser generadas desde uno mismo actitudes colectivamente benéficas, huyéndole a las apetencias dinerarias, prefiriendo la entereza y la austeridad, para que la magnanimidad impere y afloren los valores humanos y la ética, de mutuo respeto y cooperación real.

La disciplina debe materializarse en puntualidad, cumplimiento de la palabra, cordialidad, empatía, gentileza, integración armónica, relaciones apacibles, ejemplo constructivo, tranquilidad, legítimas concesiones amigables, diálogo comprensivo, y no en el antojado desenfreno libérrimo de una egocéntrica forma de ser.

Tal disciplina cual régimen que preserva el orden dentro de una comunidad, o en la perspectiva individual de instrucción de una persona, especialmente en lo moral, debe interiorizarse y consolidarse desde la infancia y en todos los niveles de educación, para generar respeto, lealtad y concordia, de manera que se brinde al otro atención, simpatía y colaboración en la vecindad, en la calle, en el transporte, en los espectáculos públicos, en las dependencias oficiales, en los centros educacionales, en el trabajo, en los sindicatos, en los gremios, en los clubes sociales, en los colegios profesionales, etcétera. De tal manera, el libre desarrollo de la personalidad, ha de amoldarse éticamente dentro de un adecuado juicio de ponderación, a otros fundamentos constitucionales, como el orden justo que hará posible la convivencia pacífica (“la justicia y la verdad se besaron”, salmo 85; “el efecto de la justicia será paz, y la labor de la justicia reposo y seguridad para siempre”, Isaías 32, 17); la preeminencia del interés general; la efectividad de otros derechos; la solidaridad; la igualdad real y efectiva; los prevalentes derechos de los niños; el deber de procurar el cuidado integral de la propia salud y de la comunidad con la prohibición consumir y portar sustancias estupefacientes o sicotrópicas, salvo prescripción médica.

Lo anterior debe ser acatado ante la claridad de la preceptiva superior, que adicionalmente estatuye que el ejercicio de los derechos y de las libertades que la Constitución consagra implica responsabilidades, y que toda persona debe respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios.

Recuérdese que hacia 1990 en Venezuela imperaba el hartazgo con la clase política tradicional y los electores decidieron apoyar a cualquiera que se mostrare distinto, lo cual conllevó el terrible empeoramiento que ha destrozado al hermano país. Por ahora, todo lleva a temer que en Colombia sobrevendría lo mismo, al continuar la marcha estólida de alcahuetear a los políticos corruptos.

luispinillapinilla@hotmail.com

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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