jueves 09 de mayo de 2019 - 12:00 AM

“La batalla por la paz”

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Es el título del libro del Ex Presidente Juan Manuel Santos de quien parte de la ciudadanía no reconoce su importante aporte por la paz. No obstante internacionalmente tiene tanto reconocimiento como para haber recibido el Premio Nobel de Paz, 2016. Y como de la paz se trata, voy al otro colombiano Premio Nobel, el de Literatura, 1982, Gabriel García Márquez.

En mi obra Violentos somos menciono a García Márquez quien en su obra El coronel no tiene quien le escriba, el desarrollo se sitúa en las guerras civiles, que terminan con la Guerra de los Mil Días, 1899-1902. Del mismo García Márquez y ya en la época de la violencia partidista, en alguna parte de su novela La mala hora, leemos: “Usted no sabe –dijo- lo que es levantarse todas las mañanas con la seguridad de que le matarán a uno, y que pasen diez años sin que le maten”

Siguiendo con Gabo, en Cien años de soledad, encontramos un compendio de nuestras violencias; la gran conclusión de Aureliano Buendía es que toda esa interminable sucesión de guerras no ha servido para nada. Nuestras violencias hasta ese entonces, 1967, porque en Noticias de un secuestro, 1996 ¡29 años después! narra las modalidades de violencia con las que despedimos el siglo XX.

La verdad es que para analizar La batalla por la paz escrita por el Presidente Santos, debemos empezar por reconocer que “Violentos somos”. La violencia partidista culminó con el Frente Nacional, 1958, pero vinieron la violencia bandolera, la violencia guerrillera. Ahora bien, lo cierto es que se logró el desmonte de las Farc que durante aproximadamente medio siglo atormentaron al país con sus violencias; que se hayan extinguido totalmente, NO, eso es una quimera porque siempre quedarán rescoldos. Siendo más lamentable que el Eln siga abiertamente en la violencia. Pero en fin, como lo podría decir García Márquez: “algo es algo, pior es nada”.

Para concluir, unas palabras del Expresidente de España, Felipe González, en el prólogo de La batalla por la paz: “Fue extremadamente cuidadoso en negociar discretamente una agenda cerrada antes de iniciar una verdadera negociación. Llevó hasta el final que nada estaba acordado hasta que todo estuviera acordado. Se resistió, con bastante incomprensión de los que no seguían el proceso, a falsas treguas que podían fortalecer a las guerrillas. Y, sobre todo, puso a las víctimas en el corazón del proceso, para conseguir reparación y reconciliación, para avanzar en el futuro posterior a la firma. Encabezó el proceso más complejo que he conocido y –también hay que decirlo- el más exitoso. El mundo lo vio con esperanza renovada. Los especialistas lo analizan con gran interés en la convulsa situación que vivimos en otras latitudes.”

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