jueves 04 de julio de 2019 - 12:00 AM

La corrupción y las violencias extinguieron los partidos

Lo digo como miembro que fui del Partido Conservador, habiendo ejercido en su nombre la Alcaldía de Barrancabermeja, 1970-72, y teniendo escritas, editadas las biografía de tres Expresidentes, quienes en nombre del Partido ejercieron la Presidencia: Misael Pastrana, Guillermo León Valencia, Belisario Betancur.

No obstante los partidos que durante toda la historia ejercieron el poder se han extinguido, que empiecen por decirlo quienes en sus nombres ejercieron la Presidencia; lo que hoy existe son movimientos aprovechados exclusivamente en satisfacer diversos tipos de intereses personales.

Empecemos por Álvaro Uribe quien durante años ejerció diversos cargos públicos, a nombre del Partido Liberal, llegando a ser elegido y reelegido Presidente, reelección en virtud de reforma constitucional tramitada por él. Ahora hace todo tipo de “maromas” a nombre del Centro Democrático en busca de satisfacer sus personales intereses.

Traigo a colación ideas y palabras de Rafael Uribe Uribe quien a finales del siglo XIX y principios del XX tuvo muy destacada injerencia en el desarrollo político nacional, desde su posición de destacadísimo dirigente del Partido Liberal. Al respecto, en su libro Escritos Políticos, escribe:

“El Directorio Nacional Conservador, en su último manifiesto, de 17 de diciembre, supo, igualmente, apreciar la alteza de miras de nuestro comportamiento, cuando dijo: ‘Una de las más claras señales del espíritu pacífico y civilizado que va predominando en la opinión, es la adhesión que el mayor número del partido liberal presta a la candidatura del partido conservador. Esta adhesión espontánea, que no estriba probablemente en otra cosa que en el reconocimiento de las dotes y circunstancias que enaltecen al candidato, es efecto de la opinión de que hablamos y que tiene por causa el bienestar social. Como otra vez se ha dicho, la adhesión liberal no implica ninguna fusión doctrinaria, pues esta es imposible en el hecho, y en suposición sería perniciosa. El concurso liberal no es el fenómeno que precedió a la Constitución del año de 1858; tampoco es la alianza transitoria que sirvió para abatir los gobiernos personales de 1854 y 1909: ese concurso es la satisfacción extraordinaria de la necesidad, extraordinaria también, que hoy tiene nuestra tierra de paz inalterable, a fin de asegurar su existencia y su progreso. La adhesión, contemplada de este modo, es pensamiento sabio, hecho civilizado, empresa patriótica.”

Más adelante escribe Uribe Uribe:“ El liberalismo no ha faltado, en modo alguno, a sus doctrinas; no ha ejecutado una acción inmoral; no ha vendido su derecho de primogenitura por un plato de lentejas y no ha perdido un ápice de su autonomía. Seguirá desarrollando su misión, dentro de la órbita de la legalidad, sin injerencia extraña.”

“Lo que principalmente ha buscado el liberalismo, en lo que a él propio se refiere, además del provecho para la patria, es la inviolabilidad del orden jurídico; en otros términos, la vida del derecho para sí, como colectividad, y para cada uno de sus miembros, y abriga la confianza de que la gozará durante la administración Concha.”

Mis lectores me excusen que en esta oportunidad me haya dejado llevar de “citas”, pero la situación me llevó a ello.

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