jueves 29 de octubre de 2020 - 12:00 AM

La Familia: Javier Pinilla Pinilla

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Javo: Siempre tuvimos tu cercanía en estos días postreros de tu vida. Resolviste partir. O tal vez preguntaste como pregunta a Dios la poeta cubana Dulce María Loinaz: “Señor que lo quisiste ¿Para qué habré nacido ? ¿Quién me necesitaba? ¿Qué misión me confiaste y por qué me elegiste? Todo tiene su objeto y su motivo, sé que he venido por algo y que por algo vivo y Dios quiso llevarte para amarte. Dios sabio y amoroso...”

Hoy nos haces falta, pesa tu ausencia. “Aquello que pesa más de todas las cosas es la falta de amor. Pesa no recibir una sonrisa, no ser recibidos en tu casa. Sin amor, el esfuerzo se hace más pesado, intolerable. No estamos solos, aprendimos a perdonar y a reconocer que los hombres fallamos pero nos haces falta, extrañaremos tu compañía, la de Judit contigo, era una hermana más. Recordaremos tus exageraciones y cafecitos, cuando con tus repeticiones jugabas en el computador, en los juegos de palabras; pero sobretodo tu valentía; te esforzaste con tu saber y pese a los escalones y olvidos, dictaste clase en la Universidad Javeriana hasta el último día.

Tu secreto era que el amor era más fuerte que el momento en que se peleaba, nos criamos juntos, yo era “grande” eras mi niño para proteger. Tuvimos una madre que nos ayudó a valorar tener familia. “La familia es lo que tú tienes, tengas éxito o no. Acumules riquezas o no.

La riqueza emerge y desaparece, pero la familia se hace más grande cada día”. Tuviste éxitos profesionales, la Universidad Javeriana, el Sena, Cafam,... comercialmente, pero mamá tenía razón.

Pese a la perdida de papá fuimos hermanos y familia. Shaw decía: “El servicio más grande que puede ser rendido por cualquier persona a su país y a los seres humanos es hacer desarrollarse la familia.” El hogar está en la familia, no en un lugar lujoso y construyendo con Judit una familia, lo lograste.

Nuestra invitación a todos ante la ida de Javo es a que desde ese lugar sencillo o lujoso en que nos colocó la vida, trabajemos en la construcción de una familia de amor, perdón y dignidad.

Sin duda es la incoherencia con que vivimos sociedad hoy, acentúa que todo esto no se afiance como sistema de vida. Pero no es la desesperanza la que nos llevará a transformar la realidad colombiana en una realidad más humana y equitativa. Como nos enseñó mamá, la esperanza nunca se pierde.

“Los mejores momentos de nuestra vida han sido aquellos que hemos disfrutado en nuestro hogar en el seno de nuestra familia con nuestros hijos”. Gracias por ser parte de ese amor en tu familia y en la nuestra en la que compartimos tanto con los nuestros, que son un regalo del amor, al abrigo de una bebida caliente y del calor del corazón, pese a las diferencias, que nos ayudaron a amarnos.

luispinillapinilla@hotmail.com

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