jueves 30 de octubre de 2008 - 10:00 AM

La naturaleza humana y la historia

Al cumplirse 50 años del juicio que el Congreso le siguió al General Gustavo Rojas Pinilla por sus ejecutorias como Presidente, que culminó con el despojo de sus derechos políticos, que después le fueron restablecidos para que optara a la Presidencia por la vía electoral, surgen reflexiones sobre lo voluble de la naturaleza humana y lo difícil que es entender la historia.

El primer recuerdo es el eufórico desfile al que los jesuitas nos llevaron desde el Colegio San Pedro hasta el Parque García Rovira, movilizaciones que se repitieron a lo largo y ancho del país, expresando la alegría porque Rojas le había dado golpe de Estado al 'monstruo' Laureano Gómez.

Manifestaciones similares se repitieron 4 años después y en ellas también participamos, por lo mismo pero a la inversa, Rojas no resistió el rechazo ciudadano y tuvo que entregar el poder a la Junta Militar.

Las elecciones del 19 de abril de 1970, siguen sosteniendo muchos que Rojas las ganó pero que Carlos Lleras, con la complicidad del Tigrillo Noriega, su Ministro, se las robó a favor de Misael Pastrana. Lo más difícil para entender el hecho está en que Noriega, testigo de excepción, en su libro, '19 de abril de 1970-Lo que pasó aquella noche', demuestra como no hubo fraude y 21 años después en 'Fraude en la elección de Pastrana Borrero', dice que sí hubo 'fraude, que no dejará de hacer parte importante de nuestra historia patria'.

Lo cierto es que Rojas no llegó a la Presidencia por la vía electoral, como tampoco llegó su hija, María Eugenia, candidata en 1974, enfrentada a dos candidatos, hijos de padres también cuestionados, Alfonso López, su padre se vio obligado a renunciar en su 2º. mandato y Álvaro Gómez, hijo de Laureano. Los que sí han tenido una carrera política exitosa son los nietos de Rojas, Iván y Samuel Moreno, ambos han llegado al Congreso, el 1º. fue Alcalde de Bucaramanga, el 2º. Lo es de Bogotá.

Volviendo al Gobierno Rojas, pese a sus desaciertos, se le reconoce que en su cuatrienio se empezó a desmontar la atroz violencia partidista iniciada en 1931, misión que culminó con la continuidad en políticas de Estado de la Junta Militar y el Frente Nacional. Lamentablemente, al no haber entendido en su oportunidad que la cultura de la violencia hacía compleja la situación y la solución iba mucho más allá de paces entre godos y cahiporros, nos trajo la secuencia de barbarie que estamos padeciendo.

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