jueves 02 de julio de 2020 - 12:00 AM

Los extremos vulnerables de la población

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Según el DANE en el censo del 2018 el 9.1 % de los colombianos 4.5 millones a la fecha serían mayores de 65 años y 8.4%, 4.2 millones serían niños en la primera infancia menores de 6 años.

Tanto los unos como los otros; unos por “viejitos” supuestamente incapaces de decidir por sí mismos, lo que está produciendo la creciente “rebelión de las canas” y los niños menores de 6 años sometidos por sus padres aterrorizados a un encierro aún más cruel y denigrante porque por su edad, no alcanzan a comprender que es ese bicho del “coronavirus” peor que “el coco” de nuestra infancia, que no los deja salir a disfrutar del sol y de sus juegos y amigos de su edad.

Un alto porcentaje de niños no tienen un familiar cercano que los cuide (acompañe, provea alimentación, baño, los vista y cambie)

Tampoco para que a los que están en edad escolar, les ayuden en el manejo de su comunicación no presencial (considerando que cuando apareció el Internet y los celulares en los años 80/90 la mayoría de los abuelos “viejitos” acompañantes no tuvieron ninguna formación en sistemas y a duras penas manejan el móvil para hacer y recibir llamadas)

Y además les ayude a preparar con anticipación las guías y también en el desarrollo de las tareas y actividades.

Agravado cuando son mayores y más de uno y con pensum académicos que no vieron los abuelos ni en bachillerato.

Y ni pensar en las “obligadas siestas” que antaño (cuando no soñaban con disfrutar del rol de ser abuelos), eran tan vitales para restaurar las fuerzas.

Y ahora sueñan con el regreso de sus hijos, pero para que los liberen de la tarea.

Y esos son los niños cuyos papás tienen la fortuna de contar con abuelos que colaboren, pese a la pese a lo pesado de la carga (que se compensa con la ternura y el amor que un niño es capaz de brindar)

Pero la mayoría (mientras no había cuarentena pues tenían a sus en jardines y colegios en jornadas de 5 am a 6 pm y ahora con colegios cerrados ni siquiera se puede acudir a este expediente.

Pero lo más grave de la situación la sufren precisamente los menores de 6 años a quienes en plena edad de desarrollo y crecimiento, se les niega la posibilidad de unas horas de sol, afectándose no solo físicamente por falta de vitamina D sino emocionalmente por alejamiento del contacto con niños de su edad.

Los abuelos atados por la cuarentena a sus nietos no pueden disfrutar de un rato de esparcimiento en zonas comunes y piscinas (ni siquiera por prescripción médica en casos de terapias)

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