jueves 28 de mayo de 2020 - 12:00 AM

No es admisible desechar la vejez

Escuchar este artículo

En la madurez del hombre se reflexiona sobre el valor de la vejez. Decía Nietzsche: “La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño.” Conservar la ingenuidad y la necesidad de descubrir la vida, necesitar dejarla fluir, es madurez. En términos de Kafka, La juventud es feliz porque es capaz de ver la belleza. Cualquiera que no pierde la capacidad de ver la belleza jamás envejece

Los años son un acicate para ver que el infinito está próximo, mantener nuestras ansias de paraíso y nuestra sed de eternidad no envejece el alma Cuando pienso en ello tengo que exclamar con el poeta: ¡Qué pequeñas son mis manos en relación con todo lo que Dios y la vida han querido darme! Al permitirme sentir, amar y expresar la maravilla de la vida; actuar y escribir mis reflexiones sobre la historia que he vivido. En lo personal me siento muy satisfecho de mis ocho libros, de construir una familia diferente pero plena de nuestro sentido de vida y el amor que le da sentido a sociedad y vida.

Una catástrofe mundial de salud, que nos lleva a la incertidumbre económica y a mi reflexión sobre la vejez y el desprecio que nuestra sociedad le está dando a una época plena de realizaciones producto de luchas y de la construcción de un mundo que nos ha dado la oportunidad de crecer como seres humanos, de amar por siempre, pese a las desigualdades y diferencias culturales y posibilidades. La vejez no es despreciable como la queremos hacer sentir. Ser viejo también tiene limitaciones, pero posee la alegría de los proyectos realizados y de los sueños pendientes. Ser viejo tiene la maravilla de profundizar en el sentido de cada cosa realizada y por realizar. De una naturaleza en desarrollo que nos pide a gritos no olvidarla.

El gozo de los recuerdos, aún en medio del dolor de la pérdida absurda de un padre, prevalece su ternura, el recuerdo de sus caricias y enseñanzas, de los peces brincando en el bote y el perro paseando al atardecer: de los abrazos y relación amorosa con mi madre. Lo que soy fue ella con su inteligencia y dedicación; pero él me dio la visión enorme de un mundo para preguntarme, indagar, caminar. Con Él aprendí a buscar estilos de vida, de países, de seres humanos y el valor de Dios y un infinito alcanzable. La confianza, en la vejez, como en la vida, “nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas la preguntas.” En la vejez tenemos que seguirnos preguntando y encontrando respuestas nuevas. ESO ES VIDA. Como dice nuestro amigo poeta López Rache: “no llegar es la más fantástica aventura.“ Sigamos buscando.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad