jueves 16 de abril de 2020 - 12:00 AM

¡Oh confusión, oh caos!

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Ante la indudable tragedia que estamos “padeciendo” y seguro de que la ¨salida¨ requiere de actividades políticas, acudo a mis estudios como Magister in Politica Scientia y a mi experiencia por más de 25 años como profesor en la materia en la Universidad Javeriana y en la Universidad Sergio Arboleda y en tener 8 libros escritos sobre teoría e historia política, entre ellos las biografías de tres Expresidentes Misael Pastrana, Guillermo León Valencia, Belisario Betancur. Y todo ello me lleva a la ciencia política, como un ¨recurso¨ para superar la crisis.

Resaltando el permanente devenir de las ideas a la práctica política y viceversa, de allí el uso de la ¨Espiral de Arquímedes¨, curva plana que gira indefinidamente alrededor de un punto, el poder, como emblema.

Como comprobación de este continuo devenir empezamos con Aristóteles para quien la política es el poder que se ejerce en un territorio autárquico. La autarquía (régimen capaz de bastarse por sí mismo) fue superada por la historia hace ya varias centurias, pero la identificación entre política y poder ha trascendido los veintitrés siglos que nos separan de Aristóteles, reafirmándose con Santo Tomás de Aquino (siglo XIII), Maquiavelo (siglo XVI), Montesquieu (siglo XVIII), deteniéndonos en Thomas Hobbes (siglo XVII) quien en su libro Leviatán, hace una enumeración de los recursos del poder; con seguridad que en el siglo XXI no hay un analista o político serio que prescinda, en caso necesario, de ninguno de los recursos de la lista, debiendo por el contrario añadir varios que han ido surgiendo a lo largo de los últimos tres siglos.

El sociólogo y economista alemán Max Weber (1864-1920) sostiene: Cuando se dice que una cuestión es política, o que son ´políticos´ un ministro o un funcionario, o que una decisión está políticamente condicionada, lo que quiere significarse es que la repuesta a esa cuestión, o la determinación de la esfera de actividad de aquel funcionario, o las condiciones de esa decisión, dependen directamente de los intereses en torno a la distribución, la conservación o la transferencia del poder. Quien hace política aspira al poder, al poder como medio para las consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder por el poder, para gozar del sentimiento de prestigio que el confiere.

Política es poder y eso debe ser suficientemente claro. El politólogo Robert Dahl afirma: El estar claramente orientado respecto a las palabras, a menudo ayuda a estar certeramente orientado en la política, ya que esta es una actividad en la que el lenguaje es extraordinariamente ambiguo y muchas veces se usa con fines perversos o propagandísticos. Finalmente, en el estado ideal de Platón no debe haber ni opulencia ni pobreaza.

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