jueves 21 de abril de 2022 - 12:00 AM

¡Qué Confusión! ¡Qué Caos!

Ante la grave y múltiple crisis que en el presente está padeciendo Colombia, el Mundo, me atrevo a buscar hacer algún recuento de ello. Empezando por los destrozos que el hombre está haciendo de la naturaleza y que nos tienen ahora en graves, aterradoras tormentas, derrumbes por doquier, que no somos capaces de enfrentar ni siquiera de entender, urgiéndonos a encontrar la fórmula de resarcir, de superar tragedias tan intensas.

Sin poder en un artículo de prensa, estudiar, analizar todo, nos corresponde al menos enunciar verdaderos crímenes como los ataques de Rusia a Ucrania, que al menos me llevan a pensar en la época de Stalin. Y asaltos como este se ven en otras partes del mundo.

En dimensiones diferentes debemos analizar y buscar como pueden resarcir la criminalidad, las violencias diversas que se observan en algunos gobiernos de América Latina como Venezuela, Perú,...

Y ya nosotros, en Colombia, analizar que hace pocos años soportamos, padecimos Gobiernos como los de Ernesto Samper, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe,... nos debería obligar a analizar que no podemos permitir que un personaje más siniestro aún que los nombrados, Gustavo Petro, pueda llegar a ser Presidente de Colombia.

Todo esto y sin temor a ser repetitivo, empiezo por la transcripción del poema de Carlos Castro Saavedra: “Cuando sean más claros los caminos / y brillen más las vidas que la armas. / Cuando los tejedores de sudarios / oigan llorar a Dios entre sus almas. / Cuando en el trigo nazcan amapolas / y nadie diga que la tierra sangra. / Cuando la espada que usa la justicia / aunque desnuda se conserve casta. / Cuando el pueblo se encuentre y con sus manos / teja él mismo sus sueños y su manta. / Cuando de noche grupos de fusiles / no despierten al hijo con su habla. / Cuando al mirar la madre no se sienta / dolor en la mirada y en el alma. / Solo en aquella hora / podrá el hombre decir que tiene patria.”

Es difícil, bien difícil construir la paz que hasta ahora ha sido imposible. Hay que ponerlo a la luz de la consigna: verdad, justicia y reparación propia de los acuerdos internacionales sobre derechos humanos y derecho internacional humanitario, conocer la verdad no es fácil y a las víctimas las atropellan las preguntas. La justicia y la reparación son otro tema, igual de complicado empezando porque hay que resolver la incógnita de quien, sobre quien y a favor de quien se aplica.

Ahora bien, en esta fórmula falta el elemento más importante y tal vez por ello el más difícil de aplicar en cualquier proceso que conduzca hacia la verdadera paz: el perdón; que es bien distinto del olvido, las víctimas nunca podrán olvidar que asesinaron un ser querido, ni una comunidad podrá olvidar que se cometió un genocidio; pero sí podemos perdonar, con un perdón que va más allá de indultos y amnistías, con el perdón que sale del corazón, que no tiene condiciones, pero sí merece el arrepentimiento en reciprocidad.

luispinillapinilla@hotmail.com

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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