jueves 30 de enero de 2020 - 12:00 AM

Se debe considerar no solo el mejor régimen sino también el posible

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Lo expresó Aristóteles hace veintitrés siglos y lo repitió Bolívar en su Carta de Jamaica, 1815: “Voy a arriesgar el resultado de mis cavilaciones sobre la suerte futura de América: no la mejor, sino la que sea más asequible.”

La difícil, confusa situación que estamos “viviendo” en el presente, en Colombia y en el mundo, me llevó a la filosofía política. Nuestro ideal se nutre en las fuentes trascendentes del humanismo cristiano; tenemos fe en el hombre y respetamos la dignidad humana; amamos la libertad que nace de la igualdad de oportunidades; reverenciamos la moral y defendemos la noción del orden. No queremos el orden sin libertad, producto del despotismo, pero somos conscientes que no puede haber libertad sin orden.

Creemos en la vivencia del hombre en sociedad, lo que lo hace sujeto de derechos y deberes; en este contexto, seguridad, estabilidad, unidad, conforman nuestro credo. El hombre tiene el derecho y la sociedad el deber de garantizarle la satisfacción de sus necesidades básicas: la alimentación, la educación, el disponer de un techo, el vestido, la protección de la salud, la recreación y como premisa de todo lo anterior, el hombre debe tener acceso a un trabajo que le garantice un adecuado ingreso, lo que implica no solo un salario justo sino también el descanso, la seguridad social, un ambiente de trabajo y unos procesos productivos que no comporten perjuicios a su salud física y no dañen su integridad moral, una remuneración que sirva no sólo para satisfacer sus necesidades de cada día, sino también para ayudarle en su promoción humana, en su bienestar familiar, en su seguridad ante el futuro.

Y junto con todo lo anterior, el hombre tiene el derecho y el deber de participar en la construcción de su propio de destino y colocarse como protagonista del acaecer político, económico y social.

Creemos en el hombre y por eso asumimos la defensa de sus derechos como una posición moral, pero también entendemos que es integrante de una sociedad y como tal lo sabemos sujeto responsable de deberes, no sólo con la sociedad de hoy sino con la del mañana. Es esta doble vía de deberes y derechos, de dar y recibir, la que da sentido a la unidad. Si bien una sociedad sin hombres es sencillamente inexistente, un hombre sin sociedad, en palabras de Aristóteles, es “una bestia o un dios”.

Y como creemos en el hombre abogamos por el pluralismo, la unanimidad no existe. Por eso auspiciamos la sociedad abierta, esto es, uno sociedad, donde todos los individuos tengan igualdad de oportunidades, en forma que haya voluntad de asociación y participación.

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