jueves 26 de marzo de 2020 - 12:00 AM

SOLIDARIDAD

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Hemos vivido algo inimaginable hace unos días. Estamos enfrentando algo que no acabamos de entender y lo estamos viviendo TODOS sin encontrar una salida, lo único claro es que si todos no encontramos una solución, no es solución para nadie.

“Cuando Dios te lleva al borde del acantilado, confía en él plenamente y déjate llevar. Sólo 1 de 2 cosas va a suceder, o Él te sostiene cuando tú te caes, o te va a enseñar a volar!“ (anónimo).

Cuando comenzamos a entender la realidad actual y su consecuencia surge la reflexión, que es natural en quienes hemos tenido una dimensión superior y un Dios padre–amor, como impulsor de nuestro sentido de vida. He aprendido con mis hijos y con Sonia que El niño es un ser esencialmente pobre y confiado, porque espera que a su debilidad corresponda el poder de alguien que lo protege. “’En su debilidad está su riqueza.” Cada mañana, como las flores se abren al sol, de quien reciben todo: luz, calor, fuerza, color y vida, el niño se abre a los padres de quienes espera todo: ternura, amor, esperanza, tiempo y fortaleza para crecer como un verdadero ser humano,

María Del Socorro Gómez dice ‎"Solo una cosa convierte en imposible un sueño: el miedo a fracasar.” Por ello bienvenida la expresión de Daniel Quintero, Alcalde de Medellín: “si algo tenemos es solidaridad, vamos a salir adelante.” Y si algo podemos destacar de ésta vivencia es la solidaridad como consecuencia de la imposibilidad de hacer nada si no es así entre Todos. Nunca en mi vida de reflexión y de búsqueda de comprender el ser humano y su sentido había sido tan diáfano el sentido de Humanidad, sin construirla y hacer consciente la necesidad de integrarla, no somos nada como individuos ignorantes del otro como hermano.

Hagámonos como niños y hombro a hombro con ellos, alcancemos el Paraíso. Aprendamos de nuestros hijos para logrado. Nada nos deben, les debemos todo, porque son la razón de cada día de lucha, de cada nuevo sueño, de cada logro, de cada anhelo que surge en nuestra existencia. Por ello los invito a leer esta oración de Unamuno por un mundo, una familia y un ser humano más niño, más sencillo y auténtico, abandonado en las manos del Padre. “La Puerta del Cielo:” Agranda la puerta ¡Oh Padre! Porque no puedo pasar, la hiciste para los niños y yo he crecido a mi pesar. Si no me agrandas la puerta, achícame por piedad, vuélveme a la edad aquella en que vivir era soñar.

Creo que ésta circunstancia nos lleva a revalorar aquello por lo que hemos vivido y aquello que es la posesión de quienes se sienten ganadores. ¿Hoy algo de lo construido nos sirve para encontrar camino para salir de ésta sin sentido en la que de repente nos encontramos?

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