jueves 28 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

¿Soy capaz de entender?

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En estos momentos se vino nuevamente a mi memoria una reflexión de Sonia hecha en un momento en que me había perdido y no podía entender todo el horror que la vida nos permite ver.

“¿Sabes? soy capaz de entenderte, porque te conozco y conozco éste horror que hemos vivido, porque sé del recuerdo de tu padre, paseando a tu perro y sentado en una mecedora en la casa del Icaco o a caballo atravesando el puente colgante en el que te bajaba para protegerte entre sus brazos. Y se de tus lágrimas cuando la vida nos permitió volver a hacer el camino recorrido con él y recordabas que esa protección te había sido arrebatada. Soy capaz de entender tu rabia y tu dolor porque la vida nos llevó a desandar el horror de la guerra y a conocer en esas barrancas bermejas la violencia de la desigualdad y de las guerrillas que, en nombre de ella, conocimos. Sabemos de la muerte por hambre junto al Potosí de la riqueza del oro negro, que servía a unos pocos para vivir en “mansiones”, como dice María, junto a otros, la mayoría, que lo hacían en tugurios de bareque y plástico, como los existentes en los barrios subnormales de nuestra querida ciudad o en nuestra tierra querida de los Guanes que nos vio crecer.

“¿Sabes? Soy capaz de entender tu dolor y tu rabia, porque también lo siento por un país que desde niños hemos visto sacudido por el odio y la desigualdad, que lo han hecho inhumano, aunque es maravilloso y pródigo también en amor. ¿Sabes? soy capaz de entenderte porque te he visto luchar por vivirlo.

Un país de abandonos es un país de violencias, nos decía un Psiquiatra amigo. Tú me has dicho que la corrupción es violencia, la desigualdad es violencia, el fanatismo lleva a la violencia, y por eso hemos pedido a Dios poder seguir haciendo cosas que mitiguen el dolor de tantos niños y buscando que nunca tengan que vivir sin papá”

Hoy pienso que todo lo vivido nos trajo a una realidad que quizás no intuimos, una realidad, en que pese a las garrafales equivocaciones nos ha permitido ver un país reclamando una vida más humana, más justa y sin balas Con cacerolas y canciones, se ha gritado la necesidad de un pueblo que ha vivido entre violencias e injusticias y una realidad precaria para la mayoría, a recordar cada alegría cuando logramos hacer algo que transforma la vida de soledad y carencia, en cielo de encuentro y humanidad y su posibilidad de construirla.

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