jueves 16 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Un amor de mamá

Con la vivencia del amor de familia, a través de la celebración del día de la madre, he reflexionado sobre todo lo que significa la maternidad y paternidad en la vida del Hombre y en la construcción de la realidad de la humanidad y me he colmado los recuerdos. Es la madre quien enseña el amor y el acontecer que da paso a la vida y la fortaleza que nos permite superar todos los obstáculos que van apareciendo en el trasegar diario. Fue ella quien nos acercó a los otros seres humanos, pese al dolor de la violencia que la vida nos permitió ver; es gracias a sus mimos y a su fuerza que podemos perdonar y ser tolerantes ante las diferencias del ser humano, que nos arrebata lo más precioso de la existencia. No se trata de bendecir cualquier actitud humana que pueda destruir al otro, a sí mismo, o a la sociedad misma; se trata de ver humanamente, la lucha de quienes, buscan integrarse desde su diferencia o desde su tragedia.

Solo cuando se siente la pérdida de quien fue nuestra razón de vida, el maestro del encuentro con ella, al compartir de su mano la caminada de “Cantinflas” que era nuestro perro mascota y juguete; el salto múltiple y luminoso de los peces que en mi niñez conocí por los caños aledaños y en el Río de la Magdalena, con absoluta confianza en las canoas y botes de mi padre orientado por su afecto y destreza de santandereano trabajador y “berraco” en la construcción de mundos menos hostiles y más productivos, se quiere un país y un entorno más humano para todos. Más tolerante frente a las diferencias, que a veces ni entendemos ni la ciencia entiende: “Nunca más odio, violencia o discriminación”, dice el Papa Francisco. Un entorno en el que el perdón tenga cabida, a pesar de los recuerdos trágicos. Trabajo por una vida en el que la familia tenga la prioridad que tuvo la mía, en la que el amor y la lucha por un mundo nuevo, era la utopía.

Tal vez lo más edificante de la vida mía y de mis hermanos, fue el oír siempre sus palabras: “Déjenle eso a Dios, amen nunca odien”, cuando de niños hablábamos con Mamá buscando entender lo inenarrable de nuestra tragedia ante el asesinato de nuestro Papá.

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