jueves 26 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

Un caos electoral

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Ante la difícil situación política que estamos atravesando, motivada en buena parte por el desarrollo del proceso electoral, bueno es hacer un recuento histórico. Como un avance de la Constitución de 1991 se institucionalizó la elección popular de alcaldes, gobernadores, concejales, diputados; falta mucho por determinar si estas reformas, como tantas otras que van llegando, han sido para “bien o para mal”; lo cierto es que la legislación colombiana, siempre ha sido objeto de reformas permanentes.

A propósito, siempre se ha dicho que César Gaviria es un hombre frío, calculador, con una capacidad de negociación sin restricciones; dicho en términos más técnicos, que es el más pragmático de los políticos colombianos. El país considera que, para bien o para mal, el revolcón que prometió Gaviria el día de su posesión, lo cumplió con la Constitución de 1991 y esto seguramente es válido, si se piensa solo a nivel formal, a nivel de la normatividad. Pero el revolcón fue mucho más allá.

La Constitución del 91 establecía condiciones diferentes al país. Se estrenaba la segunda vuelta para la elección presidencial, lo que producía una gran incertidumbre; también por primera vez se votaría para Presidente usando el tarjetón. Por otra parte, el terminar constitucionalmente la exclusión era algo así como “el puntillazo”, en términos de tauromaquia, al bipartidismo. Aparecían nuevos y diversos focos de poder, que le ganaban espacio a los partidos políticos, reflejándose en hechos como la elección, en octubre de 1994, de Antanas Mockus como Alcalde de Bogotá; para mencionar sólo el fenómeno más significativo, por ser la capital, por la votación que obtuvo y por su forma indudablemente sui géneris de hacer política: “Yo no soy político”. ¡?Y, sin serlo se empeña en gobernar una ciudad de seis millones de habitantes?!

Continuando con el recuento histórico. La disputa por la Presidencia de la República se centraba en la campaña de Ernesto Samper, en representación del Partido Liberal. Contaba con el respaldo de un sector del Partido Conservador, liderado por el Senador Rodrigo Marín Bernal, quien se identificaba con el grupo alvarista de su Partido. También contaba Samper con el apoyo de otros sectores de los que se venían conformando, en virtud de las nuevas disposiciones constitucionales.

Andrés Pastrana era el firme contendor de Samper. Se presentaba como el candidato de la Nueva Fuerza Democrática, movimiento político fundado por él para su elección al Senado de la República en las elecciones de 1991. Andrés también logró reunir varias fuerzas políticas que adhirieron a su candidatura. Hasta la primera vuelta la campaña transcurrió dentro de lo acostumbrado en los procesos electorales en Colombia, sobre lo que decía Misael Pastrana: “Una campaña electoral no son juegos florales”. (Continuará, si los lectores así lo desean.)

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