jueves 01 de octubre de 2020 - 12:00 AM

“Un mundo en crisis”

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Mi artículo de la semana anterior, sobre el libro del Expresidente Juan Manuel Santos, concluye escribiendo que “el mensaje optimista” es “para un mundo en crisis”, la violencia humana hoy en día es bastante intensa a nivel mundial y se complementa con la violencia a y de la naturaleza. De allí la pandemia y la increíble y permanente alteración del clima, tormentas e incendios incluidos.

Ahora bien, en la revista británica The Economist, se lee: “El país del ano es Colombia, por haber alcanzado la paz en 2016. Este fue un logro colosal. El conflicto entre el gobierno de Colombia y los insurgentes marxistas de las FARC duró medio siglo y cobró quizá 220.000 vidas. En un momento, el país estuvo a punto de convertirse en un Estado fallido, algo que ahora es inconcebible.” Y lo cierto es que Juan Manuel Santos recibió en 2016 el Premio Nobel de Paz y no creo que en ello haya quien piense que fue por componendas, intrigas, corrupción.

Ahora bien, sin pretender entrar en las muy diversas manifestaciones de violencias que azotan y siempre han azotado el mundo, tampoco afirmo que una cultura de la violencia sea la causa única de nuestras violencias y mucho menos hablo de componentes genéticos, tema propio de la investigación biológica, pero sí sostengo que mientras no consigamos aceptar, para superarlo, que hay un ingrediente cultural en nuestras violencias, será una quimera tratar de construir una paz estable y permanente.

Salvo algunos intervalos de relativa paz, desde la insurrección legítima de los comuneros, 1781, que culmina con el descuartizamiento de José Antonio Galán, previa sentencia formal proferida por la Real Audiencia, Colombia ha vivido una secuencia interminable de distintas manifestaciones de violencias.

Sentencia y ejecución de una sevicia tal que bien pudiera haber sido fuente de inspiración para las autodefensas ilegales o paracos, en el uso de la motosierra con la que han descuartizado a sus víctimas, al igual que las han despojado de sus bienes, unos doscientos anos después.

Durante nuestro atormentado siglo XIX aparecieron las luchas por el centralismo o el federalismo; por la separación de Iglesia y Estado o régimen concordatario; por el libre cambio o el proteccionismo. Casi cualquier tema dio pretexto a nuestros líderes para declararse hostilidades armadas y según cuentas el solo régimen federalista, nos produjo más de cincuenta pequeñas guerras civiles, bien dentro de los estados ya de ellos entre sí.

Restablecida la República Unitaria, a pesar de la bienhechora Constitución de 1886 nos fuimos a la más cruel, prolongada y costosa de nuestras guerras. La del fin del siglo, la de los Mil Días, que fue el preámbulo de la pérdida de Panamá y dejó al país sumido en la miseria.

Y vendrá el Siglo XX, el XXI, cuando buscaré transmitir una mensaje positivo, optimista.

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