jueves 17 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

Una cultura de antivalores

Lo escribí hace unos meses y ahora repito que con la distribución de recompensas a quienes en el argot popular se conocen como sapos, es posible que se logre la captura de uno que otro delincuente pero a cambio de ir formando una cultura de la recompensa: si no pagan, no cumplo con mi obligación legal de delatar el crimen.

Se dijo, se denunció hace un tiempo que los 'falsos positivos' en buena parte obedecieron a la oferta de beneficios adicionales a miembros de las Fuerzas Armadas, acorde a sus resultados en servicio; y, por si acaso, que hubo 'falsos positivos' los hubo, en tal forma que hoy se encuentran destituidos y/o detenidos varios uniformados. Y esos 'falsos positivos' igual se pueden dar con denuncias falaces y, más aún, con la distribución de ingentes recursos que inevitablemente tienen que tener destinatarios anónimos. Con recompensas que ya ofrecen oficiales de las Fuerzas Armadas y diversos funcionarios públicos.

En un tema diferente pero también hilo conductor hacia una cultura de antivalores, acaba de prohibirse, como norma constitucional, después de seis o más intentos del Ejecutivo ante el Congreso, el porte de la dosis personal de droga, con una serie de condicionantes que hace aún más dudoso el cumplimiento de la norma. Entrando a lo cultural, la pregunta es por qué se insiste en enfrentar una enfermedad tan compleja como la adición, con acciones represivas que, después de años, está por cumplirse un siglo de la inane prohibición del alcohol en USA, recordemos Chicago, han demostrado hasta la saciedad que los problemas de salud y educación hay que atenderlos con cultura y no con normas que contribuyen a hacer válido el viejo dicho 'hecha la ley, hecha la trampa'.

Cultura a la cual bien poco contribuyen telenovelas como El capo o Las muñecas de la Mafia, lo digo por lo que alcanzo a apreciar en el bombardeo de propaganda que nos obligan a ver si queremos ver los noticieros, por ejemplo, porque me confieso incapaz de ver tamaños adefesios.

Como lo es la publicidad que se le está haciendo a la biografía de Pablo Escobar narrada por su hijo, en tal forma que viuda e hijo de Guillermo Cano de El Espectador, expresan sus dudas sobre la sinceridad del perdón pedido por el hijo por los crímenes de su padre, considerando que, solicitado en este momento, más pareciera una estrategia publicitaria ¿por qué no lo hicieron antes?.

Asunto bien distinto pero también conducente hacia una cultura de antivalores, es el inusitado despliegue por varios días y quien sabe cuántos más, del accidente o incidente de Tiger Woods, un buen deportista con una vida privada bien enrevesada, donde lo que se resalta en todas sus formas no es cuántos 'hoyo en uno' hizo en las canchas de golf, sino cuantos hizo en camas ajenas.

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