jueves 23 de enero de 2020 - 12:00 AM

¡Violencia, corrupción!

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Últimamente ha surgido un “debate” sobre que está “atormentando” más al país si la violencia o la corrupción; por mi parte, reconociendo lo siniestro de lo uno y de lo otro, no entro en ello y, sin temor a ser repetitivo, al fin y al cabo nuestra realidad es “repetición”, voy a algunos de mis libros, reteniéndome en la biografía de “Belisario Betancur Cuartas, El Presidente de la Democracia Participante”, editada y publicada por la ESAP, buscando encontrar algo de lo positivo que también tiene nuestra historia.

En la obra escribe Alfonso Gómez Gómez: “... el Presidente Betancur hizo nobles y vigorosos esfuerzos a favor de la esquiva paz. La guerrilla, acogida al monte, obró sin sentido político, y no examinó las condiciones del país que le eran desfavorables. No hubo allí mentes lúcidas...”

Palabras que se complementan con lo dicho por Horacio Serpa Uribe, integrante de la Comisión Nacional de Verificación creada por el Gobierno: “El logro de la paz fue el objetivo fundamental de su gobierno y no se alcanzó. Como tampoco se consiguieron los ambiciosos resultados que se esperaban con el plan para desarrollar las zonas afligidas por la violencia. Pero, ‘A todo señor, ¡todo honor!’ tuvo la decisión de emprender un camino harto difícil y de propiciar, al lado de la lucha librada para producir un entendimiento con la insurgencia armada, importantes reformas institucionales que han de servir; y efectivamente están sirviendo ya, para encontrarle un espacio nuevo a nuestra precaria democracia tan falta de participación popular.”

Y sí sirvieron por cuanto, en distintas formas, tiempos y procesos, el camino emprendido por Belisario consiguió la desmovilización de grupos subversivos como: Ado, Epl, Quintín Lame, Prt, M-19, este último no obstante su barbarie del Palacio de Justicia.

En un ámbito diferente, dentro de las conclusiones de la biografía de Belisario, valga repetir apartes de artículo escrito por Gabriel García Márquez: “Se han necesitado 70 años para que Belisario se revelara por fin al desnudo, sin las tantas hojas de parra de tantos colores y tamaños como ha usado en la vida para no asumir sus riesgos de poeta. Es, en el remanso de la tercera edad, una digna y hermosa manera de ser joven.

“Por eso me pareció tan justo que esta concurrencia de amigos se hiciera en una casa de poesía. Y sobre todo en esta, en cuyas madrugadas se escuchan todavía los pasos sigilosos de José Asunción, desvelado con el rumor de las rosas, y donde hemos vuelto a encontrarnos muchos de los amigos que más queríamos a Belisario desde antes que fuera Presidente; los que tantas veces lo compadecimos mientras lo fue, y seguimos queriéndolo más que nunca ahora que ha logrado el raro paraíso de no serlo ni desearlo.”

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