jueves 14 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

“Violentos somos”

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Ante la caótica situación por la que estamos atravesando, a tal punto que un titular de un medio de comunicación dice: “Macabro orden público del Cauca indígena”, situación que no es propia solo del Cauca, en tal forma que en otro titular se lee: “estamos viviendo situación de alta intensidad del conflicto”, me fui a mi obra “Violentos somos”, publicada hace ya más de 10 años, limitándome a transcribir en este artículo, con la venia de mis lectores, palabras del prólogo gentilmente escrito por Augusto Ramírez-Ocampo.

“En Violentos Somos el Dr. Pinilla emplea su reconocido rigor y objetividad en la investigación, tan propia de su formación científica y matemática, y al propio tiempo hace gala de su gran preparación y conocimiento en los acontecimientos políticos de la nación.

“Abarca 50 años de historia de nuestras violencias que discurren entre 1931, gobierno de Olaya Herrera, hasta el del Presidente Alfonso López Michelsen que culmina en 1978 y que, de seguro, habrá de complementar como aquí lo anuncia, con los años siguientes, hasta nuestros días, que se han visto agravados por dos nuevos jinetes del Apocalipsis como son el narcotráfico y las autodefensas -AUC- que han azotado y agravado las amarguras de este país violento.

“Es bien cierto que durante el siglo XIX, como puntualmente lo recuerda el autor, ocho guerras civiles asolaron a la República recién nacida. La diferencia estaba en que nuestros antepasados sabían las causas por las cuales se enfrentaban tan ardorosamente: los unos eran centralistas y los otros federalistas; los unos fueron proteccionistas y los otros libres cambistas; los unos fueron amigos del régimen concordatario y los otros amigos de la separación tajante entre la Iglesia y el Estado.

“Dichas contiendas ideológicas se resolvían también por la fuerza de las armas y por la aparición de sucesivas Constituciones, seis antes de la histórica Constitución de 1886, que saldó las tres disputas. Colombia fue desde entonces una República unitaria, con centralización política y descentralización administrativa, con una economía ordenada de tendencia proteccionista y con un acuerdo formal Concordatario entre la Iglesia y el Estado.

“Hay que agradecerle a Rafael Núñez, el prócer del Cabrero, y a Don Miguel Antonio Caro, esa obra escultórica que fue la Constitución de 1886, en que se hermanaron y fundieron amplios sectores del conservatismo y del liberalismo, que habían sido fundados con días de diferencia en 1849 y que le dieron a Colombia un largo período de estabilidad institucional y política.”

Hasta aquí Augusto Ramírez, para concluir en que nuestra historia de violencias es mucho más compleja que lo macabro que actualmente sufrimos en el Cauca y que mientras no seamos conscientes de ello, seguiremos sufriendo lo que desde siempre hemos sufrido.

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