jueves 30 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Violentos somos

Leyendo el libro “La batalla por la paz” de Juan Manuel Santos fui a mi libro “Violentos somos”, 2009, del cual transcribo aportes para plantear una visión sobre el origen de nuestras violencias.

Entre 1819 y 1902, hubo ocho conflictos armados de diferente magnitud y cobertura; una guerra civil cada 10 años y 5 meses. De 1902 a 1931 hay una “calma chicha”, sobre la cual David Bushnell dice: “Desde la pérdida de Panamá hasta la depresión económica mundial, Colombia pasó por el más largo período de estabilidad interna de su historia como nación independiente. Los dos partidos tradicionales demostraron una capacidad para el debate civilizado y la competencia pacífica que contrasta nítidamente con su anterior comportamiento; hacia 1930, Colombia estaba a punto de ser aclamada como democracia latinoamericana ejemplar.”

No obstante, en 1931 dice El Tiempo: “Se inicia la violencia política.- Vertiginosa ‘liberalización’ del electorado colombiano. El primero de febrero, día de las elecciones, fue trágico. Las elecciones fueron ganadas por los liberales. El 10 de mayo, día de las elecciones de representantes a la Cámara, también ganaron los liberales y continuó la violencia.”

Por su parte, Alberto Lleras, Presidente en reemplazo de Alfonso López, dice en 1945: “La violencia desencadenada, se ordena, se estimula, fuera de todo riesgo, por control remoto. La violencia más típica de nuestras luchas políticas es la que hace atrozmente víctimas humildes en las aldeas y los campos, en las barriadas de las ciudades, como producto de choques que ilumina el alcohol, con sus lívidas llamas de locura. Pero el combustible ha sido expedido desde los escritorios urbanos, trabajado con frialdad, elaborado con astucia, para que produzca sus frutos de sangre... A eso no puede llamarse morir por un partido, por una causa, por una idea.”

Con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, 9 de abril de 1948, la violencia partidista, de la que Arnulfo Briceño canta: “a unos los matan por godos a otros por liberales”, se recrudece. Y como la que sigue es historia que podemos considerar reciente, bástenos una enumeración. Siguen las guerrillas liberales, los bandoleros y los pájaros. A continuación deviene la guerrilla: Farc, Eln, Epl, Quintín Lame, M-19,...; las autodefensas, autorizadas por la ley, que rápidamente se transforma en paramilitares.

Después irrumpe la droga, con ella el narcotráfico y los carteles de la droga: Medellín, Cali; hoy reemplazados por los narcofaracos, narcoelenos, narcoparacos y diversas y cambiantes denominaciones más. Esta interminable secuencia de violencias ha generado una cultura de violencia que se expresa en la violencia consuetudinaria de cualquier barrio o vereda y en el mismo entorno familiar.

Dentro del caos actual surge el “choque de trenes” con la JEP ante la decisión de “negociar” con el desmovilizado Joseph Santrich, situación que lleva hasta la renuncia del Fiscal General Néstor Humberto Martínez. Mientras el Congreso tramita moción de censura del Ministro de Defensa, Fernando Botero.

Luis Pinilla Pinilla.

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