jueves 01 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Violentos somos

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Ante las manifestaciones de violencias que seguimos viviendo, Darío Villamizar Herrera, politólogo e investigador con especialización en Acción sin Daño y Construcción de Paz, fue en el pasado guerrillero activo del M-19. Darío escribe, edita, publica, 2017, su obra “Las guerrillas en Colombia – Una historia desde los orígenes hasta los confines”.

En uno de sus apartes dice la obra: “La Guerra de los Mil Días azotó todo el país... Fue una guerra que no la ganó nadie; por el contrario todos perdimos... el país estaba desolado, había hambre por doquier, las instituciones quedaron en ruinas, la economía y las finanzas en la crisis más profunda de nuestra historia, las familias desmembradas, Panamá próximo a separarse, y los colombianos aterrados de la barbarie que había cubierto todo el territorio nacional. Los acuerdos de Wisconsin, Neerlandia y Chinácota se cumplieron a medias, la entrega de las armas fue parcial, muchas se enterraron y saldrían a relucir para dirimir nuevos resentimientos y odios. Como consecuencia de la crisis que siguió se incrementaron la desocupación y la mendicidad, crecieron los asaltos en los caminos, así como los suicidios y los crímenes atroces; miles de colombianos lisiados y desvalidos deambulaban por las calles sin recibir alivio.”

Ahora bien en mi obra “Violentos Somos”, editada y publicada, 2009, escribo: “... la nación colombiana ha sufrido una serie interminable de violencias;... los esfuerzos realizados para enfrentar esta secuencia interminable, lo más que han logrado es cambiar unas modalidades de violencia por otras; todo lo cual ha llevado a que se arraigue una cultura de la violencia que mientras no lo aceptemos y afrontemos como una realidad, todo lo que hagamos será atender unos síntomas, más no curar la enfermedad.”

Por su parte Augusto Ramírez Ocampo en el Prólogo de la obra escribe: “Son muchas las razones que los violentólogos colombianos han elaborado para fundamentar las razones de las etapas de nuestros conflictos desde la independencia: el de las guerras civiles del siglo XIX; la de las violencias liberales y conservadoras de la primera mitad del siglo XX y la de la insurrección, con visos sociales, de la segunda mitad y de los albores del siglo XXI.

Quizá la conforman también la pobreza, la desigualdad, que son de las peores de América Latina; los movimientos cristianos de la Teoría de la Liberación y de Golconda; la influencia de la revolución soviética y de la revolución cubana; las luchas campesinas; el latifundio; la impunidad; el narcotráfico y la ineficacia del Estado y por supuesto un marco histórico como el descrito en este libro.”

Ante el panorama descrito valga decir que lo primero es tener paz, amor en nuestra conciencia, en nuestro corazón, para de ahí irradiarlos a los demás, a la humanidad.

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