Publicado por: Manolo Azuero
El transporte público en el Área Metropolitana de Bucaramanga está en el ojo del huracán. Metrolínea es objeto de las más duras críticas. Y también víctima de una minoría de vándalos que destroza buses y estaciones poseída por el ‘homo habils’, la especie humana más primitiva. Sí, es verdad que nadie puede sostener que Metrolinea es una maravilla. Basta oír a los usuarios para concluir que el servicio es deficiente. Sin embargo, satanizar o torpedear el sistema es absurdo. Debe entenderse que el problema no es Metrolínea como proyecto, el lío acá es su planificación y ejecución en manos de una gestión irregular e irresponsable de años atrás.
No pueden venir a decirnos ahora que el modelo tradicional, el de la guerra del centavo, el del desorden y el abuso privado, el de buses viejos y contaminantes, era superior al Sistema Integrado de Transporte Masivo SITM. Cierto, la ciudad con Metrolínea está en el limbo si de movilidad urbana se trata. Pero antes habitaba la frontera del infierno. Vale recordar: Cuando el SITM surgió como política pública nacional, las grandes ciudades del país - Bucaramanga por ejemplo - nadaban en el caos y el transporte como servicio público era un enfermo terminal.
La sobreoferta de buses superaba el 30%. A la postre los niveles de contaminación eran exagerados y letales para el medio ambiente. Los accidentes de tránsito urbano en un 40% involucraban vehículos de transporte público. El esquema empresarial era ineficaz, la intervención y control por parte del Estado rayaba en lo inútil. Entre esos abusos estaban el de desconocer las reglas de tránsito, llevar pasajeros usando una flota vieja, obsoleta e insegura y pagar a los conductores por pasajero recogido, propiciando así la voraz guerra del centavo. Bajo este panorama la compra de vehículos particulares se disparó, el tráfico urbano llegó a niveles astronómicos y unos cuantos privados, dueños de empresas afiliadoras de transporte público, sin asumir los riesgos del negocio ni las grandes inversiones en infraestructura, se enriquecieron desaforadamente.
Fue en el contexto descrito que el SITM llegó como modelo de desarrollo y Metrolínea apareció como empresa gestora encargada de implementarlo en Bucaramanga. La idea era organizar a operadores privados e incentivar la inversión de estos en vehículos nuevos, centralizar el recaudo, y garantizar la calidad y eficiencia en la prestación del servicio. Además se buscó transformar el paisaje urbano gastando miles de millones en infraestructura. Eso fue en el papel, pero aquí la dirigencia fue incapaz de hacerlo realidad. Una y otra vez los cambios de rutas no se le comunican al usuario, las grandes obras de Piedecuesta, Floridablanca o Ciudad Norte no se han inaugurado y la cobertura y la frecuencia de las rutas no satisfacen la demanda.
¿Dejaremos convertir una idea brillante en un millonario fracaso? Sería bochornoso. @ManoloAzuero









