viernes 01 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Espejo de la inequidad

Para comenzar estimados lectores, es necesario recorrer nuestra realidad y apreciar así dos situaciones que contrastan y demuestran lo lejos que estamos de comenzar la construcción de la equidad, que aunque es constante promesa del cuerpo político de nuestro país, no ha sido más que la protagonista principal de la ficción y la fantasía.

Entonces imaginen primero la gloriosa entrada de ciertos niños afortunados que a sus 3 años inician los primeros pasos del camino de la vida en ese entrañable lugar, el Colegio. Piensen en aquel momento donde por primera vez, 'de pantalón corto y lonchera a la mano', pisan el suelo de aquel mágico lugar, donde sus padres, -seguramente incansables trabajadores-, delegan la misión educativa de la tierna infancia a profesores, que con 'cuentos, pinceles, lápices, y títeres', enseñan a balbucear las letras de la A-Z, los confusos números del 1-10 y los radiantes colores del arco iris, transportando así a todos estos niños al colorido festival de los sueños, aquel que nos impulsa a vivir y a abandonar nuestros miedos.

Ahora, traigan a sus mentes la lamentable entrada de otros miles de infortunados niños de nuestro país a las calles y avenidas de nuestras ciudades. Piensen en aquellos inocentes personajes que salen a recorrer sus primeros pasos por el camino de la vida, de 'pies descalzos y estomago vacío'.

Visualicen estos inofensivos niños, fieles expositores de la injusticia social en nuestro país, destinados a sobrevivir por su cuenta, soportando extensas jornadas a la espera de la efímera limosna y probablemente obteniendo su única enseñanza del tricolor del semáforo. Aquel donde el rojo significa esperanza, el amarrillo desintegración, y el verde indiferencia y abandono. Piensen lectores en aquellos niños, los cuales marginados del colorido festival de los sueños, descubren los caminos del crimen y la violencia, y la mayoría de la veces los recorren como la 'mejor' opción para la supervivencia…

Y así, imaginándonos tal contraste, podemos percibir qué tan lejos estamos de la equidad, y lo esencial que es para el beneficio de nuestra sociedad una mayor inversión por parte de los gobiernos en la educación, comenzando desde la Primera Infancia. Colombianos del común y gobernantes, comprometernos con la educación nos permitirá escribir los primeros capítulos del libro de la Equidad en Colombia.  

 

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