viernes 24 de abril de 2009 - 10:00 AM

Revolución moderna

La revolución que necesita nuestro país para alejarse del subdesarrollo y progresar como sociedad debe marcar una diferencia frente aquellas otras que hemos observado en el escenario de la historia.

En la revolución que debemos iniciar como sociedad civil, deben brillar por su ausencia los camuflados militares de los rebeldes, los fusiles al hombro de los combatientes, el exagerado romanticismo de los ideales y el irracional fanatismo de las camisetas rojas impulsado por los gobiernos de las repúblicas hermanas.

La revolución moderna, aquella que debe tener su origen en las comunidades, debe estar compuesta por una acción política, social, educativa y cultural definida, que no esté en contra de nadie sino a favor del bienestar general. La revolución del ahora no debe nacer como resultado de la ambición de poder de líderes 'mesías', que se hacen creer enviados del Todopoderoso, y a través de la retórica, el populismo, la fuerza y la siembra del odio entre la clases sociales, asumen la autoridad y definen el futuro de una nación obedeciendo exclusivamente a su voluntad y deseo personal.

Es absolutamente cierto que es necesario un cambio en nuestra nación, pero tal objetivo no puede ser la frase esperanzadora de una campaña política. Al contrario, la necesidad de cambio debe hacer parte esencial de nuestra conciencia y nuestro proyecto de vida. En cada hogar colombiano, en cada barrio, en cada institución educativa, en cada empresa, se debe iniciar una revolución donde primen el respeto y la verdad, y se busque de manera apasionada el porvenir de todos los individuos.

La Revolución que requiere Colombia, no debe estar basada en el cambio de un sistema económico o la búsqueda desenfrenada de la igualdad material. La revolución debe reflejarse en una transformación en el comportamiento de cada colombiano y en la construcción de la equidad, entendiéndola como el derecho de todos los ciudadanos a vivir en un ambiente sano y a tener acceso a un sistema educativo de calidad, a un régimen de salud eficiente y una vivienda digna donde se pueda desarrollar positivamente la familia, núcleo central de toda sociedad.

Colombianos del común, gobernantes y líderes de nuestras comunidades, revolucionemos por convicción, no por ambición e iniciemos la formación de una sociedad desarrollada y equitativa. 

 

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