miércoles 25 de enero de 2023 - 12:00 AM

Bloqueos...

A la comunidad se le acabó la paciencia. Cansada de esperar respuesta oportuna y efectiva a sus necesidades encontró en el bloqueo de vías el mejor recurso para llamar la atención de las autoridades; y por como están las cosas ya le tomaron la medida al gobierno. Los ejemplos por estos días abundan.

Las vías que comunican a Bucaramanga con San Gil y Cúcuta estuvieron bloqueadas la semana pasada. Los campesinos cuestionan la delimitación de los páramos y reclaman garantías paran cultivar en las zonas protegidas. En Bogotá un grupo de taxistas obstruyó el flujo vehicular por la calle 26 porque a uno de sus compañeros le inmovilizaron su vehículo por dejarlo mal parqueado mientras atendía una necesidad del cuerpo. Los habitantes de Rionegro, El Playón, La Esperanza y San Alberto bloquearon la vía a la costa para oponerse al alza anual de los peajes y llamar la atención sobre el mal estado de la carretera. En pleno plan retorno del puente de reyes la comunidad impidió el paso de vehículos en el sector de La Lizama–San Alberto para rechazar la licencia que la autoridad ambiental le otorgó a una empresa para la explotación minera en El Carmen y en San Vicente de Chucurí.

Así como esos hay muchos, y en Bucaramanga las cosas van por el mismo camino. A comienzos de diciembre del año pasado los taxistas llevaron a cabo un plan tortuga en la vía que conduce al aeropuerto; días antes habían hecho lo mismo en los municipios que integran el Área Metropolitana exigiendo un pico y placa metropolitano y mayores controles al transporte informal. El episodio más reciente se presentó el lunes de esta semana en el que la vía a la costa amaneció bloqueada a la altura del barrio Los Colorados.

En todos esos casos las consecuencias del bloqueo se han sentido y duro; pero lo que en realidad preocupa es que el escenario no va a mejorar, porque quienes deben resolver las situaciones que generan los reclamos, bastante hábiles para eludir responsabilidades y expertos en hacer anuncios rimbombantes, o son incapaces de entenderlas en su verdadera dimensión o adrede se les olvida que su misión es servir y que para avanzar en la respuesta a las necesidades colectivas lo primero que hay que hacer es saber escuchar a la comunidad, y de eso más bien poco.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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