jueves 02 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Manuel Murit

¿Estrategas políticos o culebreros?

hacer Marketing político desde la oficina no funciona, hay que conocer la realidad del lugar donde se piensa formular.
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Columna de
Manuel Murit

Por estas fechas aparecen por doquier muchos pseudo expertos en marketing político, gurús y magos de las redes que se han formado a punta de ver “House of card´s”, “Designe Survivor” o en el peor de los casos “La Gloria de lucho”.

Estamos ad portas de unas elecciones regionales y desde hace varios meses los candidatos más juiciosos han creado sus equipos y comenzaron a trabajar, muchos conscientes de la importancia han buscado incorporar a su equipo un estratega político pero han encontrado en su búsqueda a mucho culebrero hecho a punta de Netflix.

Un consultor en marketing político debe ser una persona con experiencia específica en campañas políticas, que haya participado directamente, ojalá que haya pegado afiches, cargado sillas, entregado refrigerios, gerenciando una campaña o que haya llevado la agenda, en fin, que haya vivido en carne propia el ajetreo de una campaña para que pueda entender las dificultades y las vicisitudes propias que tiene que experimentar un candidato.

También debe tener un conocimiento de la política local y nacional para que pueda formular articulaciones entre ambas en beneficio de la candidatura, debe saber de administración pública para saber qué se puede o no se puede hacer, debe saber mucho de estadística, mercadeo, publicidad, política, Marketing digital y medios de comunicación.

La preparación profesional es muy importante, el marketing político evoluciona y seguirá evolucionando, tecnificándose y utilizando herramientas modernas que midan su impacto real en una campaña, pero de nada sirve tener un doctorado si no se han comido la calle en la que piensa implementar sus estrategias, hacer Marketing político desde la oficina no funciona, hay que conocer la realidad del lugar donde se piensa formular.

Debe tener la capacidad de hacer política sin vísceras, sin sentirse afligido ni permitir que sus emociones se infiltren en la campaña, al contrario debe tener la capacidad para levantar el ánimo en los momentos difíciles y sobre todo para no ser el comité de aplausos que tanto quieren los candidatos pero que hacen un daño inmenso en la campaña.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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