domingo 27 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

Alejandro Gaviria

Se identifica en él una sofisticación política que le ha permitido mantener su imagen en la medida se aventura a los lugares más comunes de la clase dirigente
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Columna de
Marc Eichmann

Nuestro ministro de Educación es un político que genera la sensación de no ser político, en parte por su paso como rector de la mejor universidad del país, la Universidad de los Andes.

Sin embargo, al observar su recorrido, su paso como ministro de Salud en la administración Santos y su renuncia a la academia por recomendación de César Gaviria, a quien después dio la espalda, se identifica en él una sofisticación política que le ha permitido mantener su imagen en la medida se aventura a los lugares más comunes de la clase dirigente.

Durante su campaña presidencial de este año, se unió a la propuesta de coalición de centro identificada por la presencia de Sergio fajardo, Juan Manuel Galán, Juan Fernando Cristo y Jorge Robledo que ayudó a dinamitar al mejor estilo Ingrid Betancourt.

Fue crítico acérrimo de muchas de las propuestas del Pacto Histórico de Gustavo Petro, en particular su propuesta de reforma a la salud y de reforma a las pensiones. Sobre esta última afirmó que “en esencia toma la plata de la gente para financiar gasto corriente del Gobierno, no es una reforma pensional sino una reforma fiscal que tendría efectos muy graves de corto y largo plazo”. Con respecto a la reforma a la salud, comentó que “la propuesta de Gustavo Petro sobre la reforma a nuestro sistema de salud es problemática. Muestra desconocimiento e improvisación, podría generar un caos y debería preocuparnos a todos. Está en juego la salud de la gente”.

Hoy, como ministro de Educación, poco comenta sobre las iniciativas de ministerios distintos al suyo, de pronto por respeto a la alianza que su jefe político Juan Manuel Santos ha fraguado con Gustavo Petro a través del tiempo. En el ministerio de Educación se ha concentrado en dilemas menores como el incremento de las matrículas y la lectura obligatoria del informe de la Comisión de la Verdad, olvidándose de que Colombia puntúa entre los peores países en las pruebas Pisa a nivel mundial.

Su postura actual demuestra que, con su maduración en la política, entendió que es preferible no enfrentarse a gremios como Fecode, que manejan miles de educadores, y que en el camino al poder muchas veces es conveniente dejar en el olvido las convicciones del pasado.

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