sábado 02 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Año nuevo, vida nueva

Con diferentes estrategias se turnaron la secuestrada por años, dejándola en cueros y con la moral decaída
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Columna de
Marc Eichmann

Retraten en su cabeza la siguiente imagen: una señora tradicional ha sido secuestrada por una banda de delincuentes que le roban, privan de su libertad a costa de su desarrollo y le vulneran su honra. Sus captores, inmunes a las denuncias, se turnan para ultrajar a la señora que, estoica en su situación, persiste en mantenerse.

Esta señora, estimados lectores, podría ser, indistintamente, Santander, Bucaramanga, o algún otro de sus municipios. Por lustros mafias de políticos organizados en la delincuencia se han confabulado en el poder ejecutivo, legislativo y judicial para saquearlos, a costa de quienes por las migajas los reeligen cada cuatro años.

Ya en la época de Iván Moreno y Horacio Serpa se entreveía lo que recientemente, con mayor sigilo y precaución, pero también con mayor intensidad, ha venido contagiando todas las esferas del poder público. Desde las nóminas paralelas, hasta el volteo de tierras, pasando por la contratación amañada y el fraude electoral, nuevos clanes se han posicionado para despojar a los municipios de los recursos que deberían verse invertidos en almuerzos escolares, puestos de salud y obras de infraestructura que benefician a los menos afortunados.

Apellidos como Aguilar, Anaya, Celis, Gil, López, Pinto o Tavera saltan al ruedo en las bocas de aquellos que poco pueden hacer ante la organización del clan delincuencial. Con diferentes estrategias se turnaron la secuestrada por años, dejándola en cueros y con la moral decaída. Una historia que así se contara en las esquinas no desembocaba en consecuencias tangibles.

Sin embargo, parafraseando a nuestro Nobel García Márquez, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Con el tiempo, tanto va el cántaro al agua que finalmente lo rompe. Con las elecciones recientes se empieza a vislumbrar una luz al fondo del túnel, al quemarse gran parte de los candidatos a cargos de elección popular de estos clanes. Ahora, falta asegurarse de que aquellos que coparán sus puestos tengan la capacidad y la sensatez de volver a vestir a la señora, darle soporte sicológico e impulsarla a una mejor vida.

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