domingo 03 de octubre de 2021 - 12:00 AM

Corrupción sobrevalorada

El país habla de corrupción, impulsado por algunos políticos que nos quieren hacer creer que esta demuestra que la democracia es imperfecta y debe ser manipulada para hacerla funcionar (qué peligro).
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Columna de
Marc Eichmann

El fenómeno de la corrupción es indignante. Seres humanos robando a sus congéneres, impidiendo que el Estado cumpla su función, aprovechándose de su situación de poder. La corrupción va en contra de los valores sociales, de las reglas de juego y provoca en algunos una malsana envidia generada por el enriquecimiento fácil.

Sin embargo, la corrupción hay que entenderla. Primero, la corrupción en Colombia poco les quita el dinero a los pobres. El Estado colombiano hace muy poco para redistribuir la riqueza y su acción no baja significativamente el índice GINI de desigualdad, en gran parte por culpa del sistema pensional, que reparte a los más ricos los excedentes del Estado. Y decir que en las marchas una de las solicitudes al gobierno es echar atrás una reforma pensional.

La corrupción no es culpa de las instituciones, es culpa de los corruptos y de aquellos que por su incapacidad no ejercen los controles necesarios para controlarla. El país habla de corrupción, impulsado por algunos políticos que nos quieren hacer creer que esta demuestra que la democracia es imperfecta y debe ser manipulada para hacerla funcionar (qué peligro), mezclando conceptos que son claramente distintos. Una cosa es lo que pasó en Hidroituango o en Reficar, en la protección cambiaria de los bonos de Sergio Fajardo o en la troncal de la paz de Aníbal Gaviria y, otra cosa es el cartel de la contratación de Bogotá, el actuar de Centros Poblados, los carteles de la hemofilia y el de la alimentación escolar.

Algunos de los primeros generaron pérdidas al erario, pero los funcionarios involucrados fueron leales, trataron de tomar las mejores decisiones posibles, pero más allá de todo no se robaron ni un solo peso. Eso señores no es corrupción, es estar expuesto al riesgo de tomar decisiones. Las segundas si constituyen hechos corruptos, porque además de haber detrimento para la Nación, hubo dolo, se robaron una plata. Ojalá los organismos de control y el marco legal reconocieran esa diferencia, porque de no hacerlo, la función pública consistirá, en el futuro, en no tomar decisiones.

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