sábado 13 de julio de 2019 - 12:00 AM

Desenmascarar como oficio

Estas actitudes son más condenables en personas que, teniendo experiencia en el legislativo, olvidan las lecciones aprendidas cuando aspiran a la alcaldía o la gobernación.
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Columna de
Marc Eichmann

Una persona que pretende tener un futuro político debe adherir a unos principios innegociables. Sin ese compromiso, en algún momento de su carrera, terminará emulando el recorrido de la manzana de Newton, cayendo al suelo como si el planeta lo estuviera golpeando en señal de protesta.

El primer principio que debe asumir quien emprende la vida pública es el respeto por la ley. Independientemente de su visión sobre cómo se debe orientar la vida en sociedad, no puede suponer que su postura prevalece sobre las normas que ha construido la sociedad por décadas. Hacerlo solo demostraría su desprecio por la opinión ajena, un rasgo megalómano que aflora de la forma más impensada en aquellos aquejados por ese mal.

El respeto por la ley implica no solo atenerse a las normas sino también a su motivación. Aquellos que, cobijados en la letra menuda, justifican sus acciones sin abordar el espíritu del jurisconsulto faltan a la ley de peor manera que los legalistas. Estas actitudes son más condenables en las personas que, teniendo experiencia en el legislativo, olvidan las lecciones aprendidas cuando aspiran a puestos como la alcaldía o la gobernación.

El beneficio político es tal vez el resultado más buscado por aquellos que irrespetan a sabiendas la ley. La manguala que algunos políticos organizan para extorsionar a quienes cumplen a cabalidad con sus compromisos, infligiendo perjuicios bajo la cobija del populismo y mediante mecanismos de dudosa legalidad, solo refleja la incapacidad de los autores de asumir roles de estadista, sin perjuicio del lado oscuro que florecerá en algún momento de su carrera, a costa de la sociedad.

En Santander estos rasgos peligrosos asoman en algunos aspirantes a carrera pública, ya sea de manera sutil o descarada. Identificarlos no es labor sencilla, pero si importa la región y se quiere tener el derecho a la queja, se debe elegir bien entre los candidatos, tema al cual pretendo aportar mi grano de arena desde estas páginas. De esto depende el desarrollo y un mejor futuro para la región.

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