domingo 15 de octubre de 2023 - 12:05 AM

Marc Eichmann

Diatriba por un mal manejo

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Columna de
Marc Eichmann

Recientemente el Atlético Bucaramanga anda de capa caída. Después de un inicio prometedor del campeonato, en que el técnico Alexis Márquez metió al equipo a los ocho, se fue desvaneciendo la ilusión a medida que fue cayendo de los lugares de privilegio. Recientemente Márquez perdió su puesto en el banquillo de la institución.

Muchos dirán que el problema no era de técnico sino de jugadores, pero, finalmente, ¿quién decide la alineación y quién recomienda las contrataciones? El reemplazo de Márquez será un viejo conocido, Jorge Ramoa, cuyo nombre lleva una de las tribunas del estadio Alfonso López.

La situación del equipo leopardo no es muy diferente a la de muchos políticos de la ola progresista. La historia de Petro a nivel central, Caicedo en el Magdalena, Quintero en Medellín, Ospina en Cali y hasta se podría decir, Hernández en Bucaramanga, es paralela a la del mencionado onceno, así como las de Juan Pablo Castel y María Iribarne en la novela de El Túnel de Ernesto Sábato. Todos, después de un inicio venturoso ayudado por la novedad, han caído en la impopularidad y si no fuese porque, a diferencia del fútbol, sus mandatos son a plazo fijo, hace rato los habrían echado del banquillo por su falta de resultados.

El problema de Alexis Márquez en el Bucaramanga empezó con su escogencia de jugadores, así como el de los mencionados políticos escogiendo su gabinete. Demasiados nombramientos respondieron a la cercanía ideológica o la amistad política: se aseguraron de cubrir su retaguardia en vez de conseguir jugadores rendidores.

Así como al bolillo Gómez se le criticó que alineara a su hermano Barrabás a pesar de disponer de jugadores de mejores condiciones, los mandatarios mencionados empezaron a lanzarse al tobogán del desprestigio nombrando funcionarios no preparados como un exactor porno en el viceministerio de la igualdad o el imputado León Muñoz de embajador en Nicaragua. El pueblo no es tonto y reconoce cuando trabajan por él y cuando los esfuerzos se quedan en discursos.

Lo triste de todos es que en definitiva quién paga los platos rotos es la hinchada leoparda. Ojalá la vuelta a la sensatez del pasado con Jorge Ramoa y que este le brinde mayores réditos y le permita volver a lugares de privilegio. Es válido para Santander y para Colombia.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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