domingo 08 de octubre de 2023 - 12:10 AM

Marc Eichmann

El fenómeno Quintero

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Columna de
Marc Eichmann

No, el título de la columna no pretende que se pronuncie con acento argentino ni con la interpretación de fenómeno que les dan los narradores a ciertas estrellas de fútbol. Pretende exponer una forma de hacer política, la que ha aplicado Daniel Quintero, ex alcalde de Medellín y que cada vez más refleja la evolución de la costumbre electoral en nuestro país.

El primer pilar de la campaña Quintero es repetir de manera recurrente afirmaciones temerarias, insolentes y ofensivas contra sus contendores electorales. Es tipificar a sus contrincantes como ladrones, paracos o narcos por todos los canales pero especialmente en redes sociales. En su campaña a la alcaldía de Medellín, Quintero no bajó a los empresarios de la ciudad de corruptos, a su socio en Tigo UNE de tramposo, a sus contendores políticos de criminales y a Álvaro Uribe de paramilitar.

No importa en su discurso el acerbo probatorio, las sentencias judiciales ni los hechos: a fuerza de repetir y repetir las acusaciones al estilo Guanumen, las falacias se vuelven realidades. Y las repite todo su entorno cercano, a su señora, al primo de su señora, candidato actual a la alcaldía y a sus seguidores.

Una vez elegido y en el poder su estrategia cambia. El foco es hacerse a las fuentes de recursos públicos y lavar el dinero fuera del gobierno por medio de contratos, con el fin de utilizar los fondos para reelegirse y perpetuar el control sobre los presupuestos públicos. Por eso renunció a la alcaldía, el dinero prolonga la estadía en el poder y el poder prolonga la adquisición de dinero, un círculo virtuoso para ellos, que se vuelve vicioso para la democracia. Ese mismo ciclo es aquel que se busca implementar a nivel central, facilitado por la Constitución del 91 que permitió que el gasto público subiera del 10% del PIB a alrededor del 25%: todo un entramado bien montado.

Es hora de romper el esquema propuesto por Quintero y aplicado no solo desde la izquierda. En Santander los clanes Aguilar, Tavera y Anaya tienen bien aceitado el mecanismo desde hace décadas. Estas mafias electorales, su manera de actuar y su desprecio por el correcto manejo del patrimonio público son, apreciados votantes, los sepultureros de la democracia y los generadores de pobreza en el país y en Santander.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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