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Marc Eichmann
Sábado 23 de diciembre de 2023 - 12:00 PM

Jóvenes en paz madres y campesinos negreados

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El Ministerio de la Igualdad, liderado por la vicepresidente Francia Márquez, se alista para entregar a 100 mil jóvenes “en paz” un subsidio de un millón de pesos mensual por un período de un año, que suma más de 1,2 billones de pesos que saldrán de los impuestos de los colombianos. La justificación del programa es que se les facilitará el dinero a estos jóvenes con el fin de que no maten, y según el presidente Petro, podrán utilizar el dinero en “lo que se les dé la gana”.

Primero, quisiera conocer al colombiano que no se apuntaría al programa de recibir 12 millones de pesos, sin restricciones, por no matar. Todos los colombianos quisiéramos recibir ese dinero y para muchos trabajadores, alrededor de 5 millones, que ganan menos que esta suma mensual y que tienen obligaciones como familias que alimentar, para nada les vendría mal este aguinaldo navideño.

Segundo, hay que resaltar que el dinero que se está repartiendo no es del gobierno, es de los colombianos. El presidente al repartir estos fondos compra indulgencias con ave marías ajenas. Cobra impuestos a los alimentos básicos, sube el precio de la gasolina y prontamente del ACPM, que pagan los menos afortunados, y ese dinero, que no es de él, se los entrega a unos jóvenes.

Tercero, la razón por la cual reparte los subsidios no genera ningún esfuerzo de parte de los elegidos. No tienen que generar ningún beneficio social, solo impide, supuestamente, que los jóvenes maten. Sin embargo, no hay mecanismo alguno para verificar que si estos jóvenes estaban delinquiendo, no lo sigan haciendo, ni hay razón para pensar que si estar en capacidad de delinquir les genera fondos, menos jóvenes lo seguirán haciendo.

Por último queda una gran, inmensa nube, sobre si este programa está diseñado para favorecer a aquellos jóvenes que en gran parte le permitieron al gobierno Petro ganar las elecciones, un pago por salir a la calle a sabotear el gobierno Duque bajo las órdenes de una estructura organizada.

El programa de jóvenes en paz no huele bien y los colombianos preferirían que esos dineros se inviertan productivamente, o que se les entreguen a madres cabezas de familia o campesinos que con el sudor de su frente deben mantener un hogar.

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