sábado 15 de junio de 2019 - 12:00 AM

Justicia por favor

A causa de las decepciones que la administración de Justicia acarrea, nos hemos acostumbrado a no esperar nada de ella, y a pesar de eso, nos defrauda.
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Columna de
Marc Eichmann

La Justicia colombiana está en jaque. Desde su politización resultante de la metodología de elección de los magistrados dispuesta en la Constitución del 91, los ciudadanos y los empresarios sufren sus ingratas deficiencias. A causa de las decepciones que la administración de Justicia acarrea, nos hemos acostumbrado a no esperar nada de ella, y a pesar de eso, nos defrauda.

Los jueces no tienen culpa en sus deficiencias. A excepción de los altos magistrados como Pretelt, Malo, algunos magistrados clientelistas de la JEP y el inmortal Consejo Superior de la Judicatura, son personas dedicadas que trabajan duro y a conciencia. No falta una que otra manzana podrida, pero en general son ciudadanos que ponen lo mejor de sí para que se cumpla con el orden jurídico dispuesto por el Congreso.

Sin embargo, a pesar de los jueces, el sistema cojea. Los larguísimos plazos de los fallos hacen que el ciudadano del común muchas veces no acuda a ella. Su falta de predictibilidad hace que los hombres de negocios acudan a tribunales de arbitramento privados para evitar pasar por ella.

Frecuentemente sus dificultades provienen del marco legal. La jurisprudencia brinca de lado a lado sin control. El Estado garantista, en el cual los derechos deben protegerse desde el papel, pero no desde la realidad nos lleva a un sistema operacional y financieramente inviable, en el cual los expedientes se acumulan en los juzgados.

Sin embargo, el aspecto de la Justicia que más enemista a la gente es su falta de proporcionalidad. Los autores de los grandes desfalcos al país sirven sus penas con sus mansiones como cárcel y al cabo de unos años salen a disfrutar de los botines que recaudaron. Los bienes que pasan a extinción de dominio terminan en poder de mafias que los compran en privado a bajos precios y el Estado es incapaz de perseguir efectivamente las grandes fortunas resultantes de los ilícitos.

Lo triste es que sin una Justicia creíble evoluciona la sociedad. Ojalá encontremos la solución como país para salir de esta sinsalida.

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