domingo 26 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

La dignidad de la corte

Cuando una rama del poder llega al punto que no le preocupa mantener una buena reputación por el blindaje legal que tiene, claramente el balance entre los poderes y la democracia empiezan a tener agujeros preocupantes.
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Columna de
Marc Eichmann

Hace unas décadas hubiese sido impensable un evento como el que se dio hace un mes. Las altas cortes, cuyos magistrados son hoy elegidos por elCongreso, una institución puramente política, tomaron la decisión de no aceptar la tutela presentada por los abogados del expresidente Álvaro Uribe, que daba por terminada su imputación por manipulación de testigos.

Entonces pasó lo impensable. El magistrado Alejandro Linares elegido bajo el auspicio del expresidente Juan Manuel Santos, aceptó públicamente que su patrocinador y el expresidente César Gaviria, enemigos políticos declarados del imputado, llamaron a múltiples magistrados mientras se estaba decidiendo la tutela.

Recientemente el magistrado aclaró que no tenía ni idea de lo que habían conversado los magistrados con los expresidentes, si sobre la última canción de Vicente Fernández, las posibilidades de clasificar de la selección o la baja disponibilidad de asientos en los vuelos a París. Según él, es poco probable que la llamada tuviese que ver con el caso Uribe, donde los impolutos magistrados no solo no son sujetos a presiones, sino que ninguna vez han sucumbido a ellas; ni siquiera su expresidente Jorge Pretelt, que siempre, a la par de los magistrados, ha demostrado un comportamiento ejemplar.

Sin embargo, lo que deja más dudas deja es la motivación de Linares en divulgar las presiones que poco después, en una increíble (por no creíble) declaración, como San Pedro, negaría. A pesar de que ciertas versiones hablan de posibles conflictos internos, la que se impone es que Linares, independientemente del escándalo mediático podía darse el lujo de hacerlo, por la inmunidad que lo cobija. En otras palabras,,, le vale cinco quedar mal ante la opinión pública porque esta está, según ellos, conformada por plebeyos maleducados que nada tienen que reprocharles.

Cuando una rama del poder llega al punto que no le preocupa mantener una buena reputación por el blindaje legal que tiene, claramente el balance entre los poderes y la democracia empiezan a tener agujeros preocupantes, que solo se solucionarían con magistrados con ética ejemplar que, desgraciadamente no tenemos.

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