domingo 24 de julio de 2022 - 12:00 AM

La verdad inexistente

Las verdades construidas responden a los intereses de quienes las escriben.
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Columna de
Marc Eichmann

El filósofo alemán Nietzsche nos invita a ser desleales con el pasado, basado en el argumento de que cuando la memoria acude al presente hay una reacción contra la verdad. Arguye que la batalla en la historia es una confrontación entre memorias y que por eso para superar ese conflicto hay que olvidar nuestro pasado. Al desestimar la tradición abordamos el mundo sin la telaraña del prejuicio y volvemos a un estado de inocente curiosidad donde los paradigmas ya no existen.

Nietzsche revela la flaqueza de la verdad y la convierte en una afrenta a nuestra prioridad de certeza y seguridad. Los humanos seguimos las verdades fundamentadas en paradigmas del pasado por pereza y en consecuencia actuamos como un rebaño.

Las verdades construidas responden a los intereses de quienes las escriben. En la segunda guerra mundial, la literatura y el cine representan a los soldados alemanes como personas crueles o simplemente estúpidas ya que ellos, al perder la guerra, no tuvieron la oportunidad de participar en su redacción. La verdad que se emite en occidente sobre la guerra en Ucrania considera que el 90% de los rusos que apoyan a Putin son idiotas por no reconocer la verdad que a nosotros se nos ha embutido. ¿Será cierto que más de 200 millones de personas son brutas? ¿No existirá una verdad alternativa, absolutamente válida y tan sólida como la de occidente, sobre el conflicto en Ucrania?

Los resultados de la Comisión de la Verdad (hasta les tocó recalcar que la verdad les pertenece) son la versión de quienes construyeron el documento de lo que pasó en Colombia. En él hay interpretaciones, intereses, efecto rebaño e intención política de quienes apoyaron el proceso de paz, sin la inclusión de versiones de quienes la interpretan distinto. Lo contado por la comisión, con su apología de mariposas multicolores y víctimas que por fin pueden alzar su voz al viento en el informe de la comisión, pero no en la JEP, más que un reporte desinteresado, es una justificación de quienes no fueron capaces de incluir en ella su porción de desaciertos. Al fin y al cabo, ellos ganaron.

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