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Marc Eichmann
Sábado 03 de febrero de 2024 - 12:00 PM

Las reglas de juego están para ser respetadas

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Los jugadores rusos, Garri Kasparov y Anatoli Karpov, que tenían enfoques, estilos de juego y hasta idearios políticos radicalmente opuestos, protagonizaron en el campeonato del mundo de 1985 de ajedrez uno de los enfrentamientos más apasionantes de deporte alguno.

Karpov era un estratega frío y metódico mientras Kasparov era impredecible y explosivo. Las reglas de juego de aquel campeonato no necesariamente eran del agrado de todos, el campeón sería quien ganara primero seis partidas. Tras veintisiete partidas Karpov ganaba cinco a cero. Tras tres victorias consecutivas de Kasparov, el presidente de la Federación de Ajedrez, ante la demora en definir el campeonato, decidió cambiar las reglas para coronar al mejor de 24 partidos.

Con un empate provisional por resultado antes de la partida diecisiete ocurrió lo impensado. Kasparov sacrificó un peón con la estrategia de esconder sus piezas y paralizar el juego de Karpov, que se demoró en comprender que esta jugada permitía que los caballos de Kasparov tomaran control del tablero. Según Alexander Nikitin, otro jugador ruso de ajedrez, fue doloroso observar cómo Karpov con una estructura de peón sólida, tuvo que ver cómo sus fichas se congelaron en las filas traseras como en un letargo. La partida continuó con una lección de juego estratégico y coordinación por parte de Kasparov.

Sobra decir que los dos maestros, a pesar de su severo enfrentamiento, siempre respetaron las reglas de juego y hasta asumieron los cambios en el formato del campeonato impuestos por las instituciones del ajedrez mundial. Karpov, a pesar de ir ganando cinco a tres en el primer formato del campeonato acepto el cambio de reglas de juego porque provenía de la institucionalidad.

Hay lecciones de esta fenomenal partida de 1985 que aplican en la política colombiana. El régimen del presidente Petro, más cercano ideológicamente a Anatoli Karpov, después de ir ganando la partida, ha cometido errores en su ejecución que lo ponen en riesgo de perderla contra la oposición.

En el ajedrez era impensable que Karpov, en su desespero ante la magistral jugada de Kasparov, hubiese tirado el tablero al suelo y se hubiese enfrascado en una pelea callejera con el ogro de Baku. La institucionalidad, señor presidente, está para respetarla, a riesgo que las reglas de la democracia, así como las del ajedrez, dejen de tener vigencia y terminemos enfrentados en una guerra civil.

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