domingo 21 de agosto de 2022 - 12:00 AM

No me toque los servicios

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Columna de
Marc Eichmann

La cobertura y la calidad de las telecomunicaciones en Colombia mejoró de manera importante desde que se publicó la Ley 72 de 1989. La incursión de competencia tiene a los colombianos pagando menos de 8 dólares por un plan móvil de 35 GB, mientras en Perú, Brasil y Ecuador valen en promedio un 50% más.

El secreto de las tarifas bajas se llama competencia. Mientras los colombianos tengan más posibilidades de escoger operadores, mayo la presión en ellos por ser eficientes y por lo tanto menores las tarifas. Ese, señores, es el mejor subsidio que se puede dar, tarifas bajas.

En otros servicios públicos, el tema de crear competencia no es tan fácil. No tiene sentido duplicar las redes de transmisión o distribución de energía, ni de gas, ni la infraestructura de agua, por la alta inversión duplicada que se desperdiciaría. En estos casos, simplificando significativamente el marco legal, se escoge un operador al que se le controla la utilidad limitando su retorno por el capital que invierte y los costos en los que incurre al prestar el servicio. Si es ineficiente, la regulación debe asegurarse de que no traslade esas ineficiencias a la tarifa.

Es interesante analizar el ejemplo de Electricaribe en este sentido. La operadora anterior a que tomaran control de sus redes de distribución de energía Afinia de EPM y Air E del grupo Ríos, incurría en grandes pérdidas por la ineficacia del Estado y su fuerza pública, que generaba que el 35% de la energía fuera hurtada, entre otras, por conexiones ilegales. En casos como este, la ineficacia del marco regulatorio llevó a la compañía a su intervención.

La ineficacia de varios municipios en la operación de los servicios públicos ha hecho que, en ciudades como Bogotá o Bucaramanga se apalanquen en un aliado estratégico experto, como EPM, Vanti o ENEL, con grandes beneficios para los usuarios. Intentar forzar un esquema de gestión pública de los operadores de servicios públicos sin énfasis en la eficiencia, como lo proponen algunos necios, terminaría en detrimentos mayores de recursos del Estado.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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