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Marc Eichmann
Sábado 02 de diciembre de 2023 - 12:00 PM

Pensando en tierra con las patas

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Congresistas, en su mayoría del Pacto Histórico y del Partido Comunes, están presentando un proyecto de ley en el que, con la disculpa de proteger la soberanía alimentaria, se establecen límites a la propiedad y tenencia de tierras rurales. El proyecto de ley es aplicable a sociedades y, personas naturales extranjeras cuya residencia en el país sea menor a entre 10 y 15 años.

Los extranjeros no podrán poseer predios con área superior a una Unidad Agrícola Familiar (alrededor de 22 hectáreas) y en ningún caso, sobre los predios con suelos productivos, que hayan sido baldíos, aquellos ubicados por fuera de la frontera agrícola, que se extiendan sobre fuentes de agua y predios rurales dentro de los 50 kilómetros de las zonas de frontera.

La medida, que parece proteger a los colombianos de las multinacionales maquiavélicas en la mente de sus proponentes, es un esperpento con consecuencias gravísimas para el desarrollo rural del país y, por encima de todo, un golpe bajo a los inmigrantes desamparados que atendió humanitariamente el gobierno anterior.

En Colombia hay 45 millones de hectáreas de tierras con vocación agropecuaria. De estas, 25 millones tienen vocación agrícola, de las que se utilizan en dicha actividad apenas 6,4 millones. Gran parte de la deficiencia en la explotación de tierras es la falta en sistemas de riego que necesitan de una inversión considerable. Sin inversión no hay empleo rural, ni sostenibilidad.

El sueño romántico de los congresistas que representan al gobierno no solo es inalcanzable con el decreto propuesto, sino que es supremamente inconveniente, por basarse en posturas populistas y no en realidades técnicas. Bavaria, por ejemplo, tendrá que seguir importando su cebada en vez de cultivarla localmente, ante la imposibilidad de adquirir tierras. Limitar el acceso a la tierra a la inversión extranjera no solo corta de tajo una posibilidad de llevar trabajo digno al campo, sino que discrimina a los más de 2 millones de migrantes venezolanos que en vez de dedicarse al campo alimentarán los cinturones de miseria de las ciudades.

De nuevo, en el país del sagrado corazón, Melquíades, el de Cien Años de Soledad, manda la parada en decisiones del legislativo que deberían ser sensatas, como cuando se dedicó por años a disolver oro.

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