domingo 13 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

Periodistas y redes sociales

Denunciamos a los incautos que creen que en redes sociales pueden demeritar el rigor del trabajo periodístico como si no fuera una profesión
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Columna de
Marc Eichmann

Mucha gente considera que puede ejercer exitosamente ciertas profesiones sin entrenamiento, a pesar de que hay quienes adquirieron formación en una carrera universitaria que los califica para la labor.

Por ejemplo, en las empresas, muchos consideran que pueden opinar sobre el trabajo que realizan los encargados de la publicidad, como si por el solo hecho de ser sensibles a los comerciales que publican pudiesen emitir opiniones que desde su punto de vista, son tan dignas de atención como las de los especialistas.

En el mundo de las redes sociales pasa algo similar. El público en general emite opiniones y en ocasiones desdeña el trabajo de los periodistas, como si estos últimos no contaran con una habilidad adquirida por años de estudio. Se emiten juicios desprestigiándolos por supuestamente ser parte del establecimiento, cuando en realidad cuentan con independencia de opinión y posturas soportadas por experiencia de años en el oficio, como si los dueños de la verdad fueran los opinadores incautos.

Es hora de clarificar de una vez por todas que, si bien todos tenemos derecho a una opinión en las redes sociales, los periodistas que se han dedicado a reportar el diario acontecer como oficio de vida, están mejor calificados para reportar noticias. Es lo que hacen día a día, respaldados por años de experiencia haciendo lo mismo y viviendo de ello.

Por eso desde esta columna denunciamos a los incautos que creen que en redes sociales pueden demeritar el rigor del trabajo periodístico como si no fuera una profesión, a aquellos que en actos de meimportaunculismo demeritan el trabajo de quienes ejercen su profesión a cabalidad.

No se trata aquí de que la gente no opine en redes sociales, pero así como está mal que el yerbatero pueda denigrar del médico, el tinterillo del abogado, el aprendiz del talabartero o el técnico de ingeniero. Cada uno de ellos se preparó para ejercer una profesión y, por su esfuerzo, merece respeto.

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