domingo 20 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Redes sociales, redes de pesca

Los protagonistas coinciden en que las redes son inapropiadas para menores de 16 años y le prohíben de manera unánime su uso a sus hijos.
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Columna de
Marc Eichmann

A raíz del lanzamiento en Netflix del documental El Dilema de las Redes, en el cual exdirectivos y desarrolladores de empresas como Google, Instagram y Facebook manifiestan su preocupación por las consecuencias que estas generan en la sociedad, una gran cantidad de personas se está desconectando de estas.

Los protagonistas coinciden en que las redes son inapropiadas para menores de 16 años y le prohíben de manera unánime su uso a sus hijos. Esta advertencia, de parte de expertos de tal calibre, debería estimularnos a entender más a fondo su naturaleza.

En las redes sociales los clientes son los anunciantes. Los algoritmos y miles de computadores que utilizan para definir lo que se le muestra a cada usuario, están optimizados para generar más tráfico y permanencia frente a la pantalla, una forma de alienación pocas veces alineada con lo que necesitan las personas. Buscan optimizar su ingreso y los usuarios son el producto que venden. O más bien, lo que venden es modificar el patrón de comportamiento de los usuarios para que a sus anunciantes les vaya mejor.

El problema es que, para que los usuarios se peguen más a la pantalla de su móvil, les muestren lo que creen que les gusta más. Así, las personas se radicalizan cada vez más en sus puntos de vista, al punto que muchos terminan creando su propia realidad virtual. La consecuencia de una sociedad donde cada uno tiene derecho a su propia realidad es que se cierran los espacios para las conversaciones y el debate, dejando frecuentemente las vías de hecho y la violencia, ya sea verbal o física, como único mecanismo de interacción.

Las redes sociales serían inofensivas si solo mercadearan productos y servicios. Sin embargo, uno de sus principales clientes es el político que busca amoldar a los votantes, contribuyendo significativamente a la polarización que vivimos recientemente. Por eso, es conveniente separarnos paulatinamente de ellas como sociedad y volver a los medios tradicionales como fuente de información, entidades donde, a diferencia de las redes, existen responsables y posiciones editoriales.

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