sábado 25 de enero de 2020 - 12:00 AM

Seguir adelante

con total abstención de violencia, se debe recordar que todos, y no solo los marchantes, tenemos derechos.
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Columna de
Marc Eichmann

Cada vez más la ciudadanía está cayendo en cuenta, como en un curso de civismo democrático, que las vías de hecho terminan siendo inútiles para definir el rumbo que debe tomar el país. Como en cualquier sociedad, existen en Colombia diferentes visiones sobre cómo gobernar y qué priorizar, así como existen múltiples segmentos sociales con diferentes necesidades insatisfechas. La gran bondad de nuestro sistema político, a pesar de las múltiples fallas que en él persisten, es que por medio de la institucionalidad se logran consensos entre la población sobre la orientación que debe tomar el país.

Ese rumbo, que tanto está expuesto al debate en nuestro sistema político, se define por medio de un evento de mayor importancia, las elecciones libres en que el pueblo, en mayoría, elige un programa de gobierno específico. Por muchas discusiones que se dan con respecto a la imparcialidad del sistema político, es indudable que como resultado de los comicios se define el rumbo que prefieren las mayorías.

En un sistema democrático funcional, las minorías, aunque deben ser respetadas en sus derechos fundamentales, no pueden imponer sus prioridades a las mayorías. Cuando esto ocurre es porque hay un rompimiento en el orden democrático y las instituciones dejan de representar al pueblo.

Este fenómeno, en que el rumbo de un país no es definido democráticamente, puede tomar muchas formas, una dictadura de izquierda o de derecha, un sistema político imperfecto, o las vías de hecho. Por eso, ante la presión que están ejerciendo los manifestantes de las marchas para influenciar la política pública, debemos recordar que quienes definen estas últimas somos todos, y no unos cuantos que se toman las calles a costa de la movilidad de los demás.

En esta línea, si bien el derecho a quejarse por lo que a uno le venga en gana es un derecho democrático, no debemos olvidar que el derecho propio llega hasta donde empieza el derecho del vecino. Por lo tanto, con total abstención de violencia, se debe recordar que todos, y no solo los marchantes, tenemos derechos.

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