sábado 27 de julio de 2019 - 12:00 AM

Servicio al cliente

Un poco distraído empecé a cavilar sobre lo poco que reconocemos el excelente servicio que recibimos en Avianca. Aparentemente nadie es profeta en su país.
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Columna de
Marc Eichmann

Recientemente, en un viaje al viejo continente, me acerqué al counter de Iberia para entregar mi maleta. Señor, ¿ha pagado usted por el transporte de su maleta?, me preguntó la señorita. Sorprendido miré a mi esposa, olvidando por un momento que la reserva la había efectuado mi asistente. No, señora, contesté y ¿qué debo hacer? Solo debe cancelar $250 mil pesos por maleta, me dijo.

En ese momento liquidó el monto en un recibo y me envió a otra dependencia, en la que había una fila de 10 personas. Vamos a perder el avión, me decía mi hija, en el pasabordo dice que hay que estar en la puerta a las 4:00 p.m. Tranquila, le contesté, aún tenemos tiempo. Entonces, después de pagar el inesperado cargo, le solicité a la persona del counter que procediera a la devolución del impuesto de salida que por mi condición no debo pagar. ¿Cuándo fue la última vez que ingresó al país? El 29 de abril contesté. La asistente del contador revisó detalladamente las hojas de mi pasaporte con el fin de encontrar el sello de inmigración pertinente. No lo va a encontrar, riposté. Hoy la entrada se hace con el lector de retina, no ponen sello en el pasaporte.

Hecho seguido le mostré el sello de salida del 9 de abril, con el cual quedaba demostrado que había ingresado al país en los plazos para la devolución del impuesto. Debe ir a inmigración para que le certifiquen la fecha de entrada me indicó. Me dirigí a inmigración donde una funcionaria muy amable selló mi pasaporte con la certificación necesaria. Las aerolíneas no colaboran mucho devolviendo los impuestos me dijo, y yo hice un gesto en señal de aprobación.

Volví al counter donde me enviaron de nuevo a otra dependencia donde otra vez había fila. Después de dos horas lo había logrado, me habían devuelto mis $86 mil. Tomé el camino a la puerta de abordaje y un poco distraído empecé a cavilar sobre lo poco que reconocemos el excelente servicio que recibimos en Avianca. Aparentemente nadie es profeta en su país.

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