domingo 18 de octubre de 2020 - 12:00 AM

Severo embrollo judicial

... en Colombia, los camaleones del congreso generalmente se amañan al gobierno de turno, en una cohabitación que tiene más que ver con incentivos económicos que políticos.
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Columna de
Marc Eichmann

Independientemente de quien sea elegido presidente en las elecciones de Estados Unidos, es claro que las estrategias políticas encaminadas a controlar el congreso y las altas cortes son igualmente importantes para que los partidos políticos mantengan su ejercicio del poder.

El presidente Trump, según las encuestas, tiene pocas probabilidades de hacerse reelegir y sin embargo, el partido republicano mantendrá nexos con el poder si logra mantener sus mayorías en el senado. Los analistas políticos hasta mencionan que los recientes nombramientos del presidente en la corte suprema que le dan a la derecha una ventaja de 6 a 3 en esta instancia, influenciarán la ecuación del poder a su favor en los próximos años.

En Colombia, la ecuación de control de las diferentes ramas del poder también se ha ajustado a los mandatarios de turno. En un país con régimen presidencialista como el nuestro, quien llega al control del ejecutivo tiene más influencia que la que tiene su contraparte en el país del norte, dado que, en Colombia, los camaleones del congreso generalmente se amañan al gobierno de turno, en una cohabitación que tiene más que ver con incentivos económicos que políticos.

Lo nuevo y cuestionable, tanto en Colombia como en Estados Unidos, es que la composición de las altas cortes tenga influencia en el poder político. Quienes dictan las leyes en el congreso claramente imprimen su ideología política en el devenir del país, pero se supone que aquellos que las aplican, desde el poder judicial, deben mantener el manto de imparcialidad política de una justicia ciega.

La realidad es que los nombramientos de Trump en la corte suprema son tímidos ejemplos de cómo se ha permeado el poder judicial. En Colombia, la Constitución del 91 permitió que la justicia se polarizara ideológicamente y se debilitara con la creación de instancias alternativas como la Justicia Especial para la Paz, que hasta desde su nombre denigra de la justicia mal denominada ordinaria. Si a eso le sumamos la corrupción presente en las altas cortes, es correcto afirmar que tenemos “severo embrollo judicial”.

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