domingo 12 de julio de 2020 - 12:00 AM

Sin querer queriendo

Que bueno sería que estas medidas se tomen desde el rigor, con estudios técnicos que tengan en cuenta el consumo de gasolina y costos competitivos de transporte para la nación...
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Columna de
Marc Eichmann

Como se ha demostrado en esta pandemia, a veces los funcionarios públicos reflejan sus rasgos más íntimos en sus gestos de gobierno. Desde la indignación de Krushev, el presidente ruso que golpeó la mesa de las Naciones Unidas con su zapato en el contexto de la crisis de los misiles de Cuba en 1962, hasta las cómicas salidas de Chávez en Venezuela atacando al presidente Bush con su recordada expresión “huele a azufre”, algunos mandatarios tienen en lo profundo dimensiones que parecieran venir de otras galaxias.

Estos rasgos de personalidad, de vez en cuando jocosos y divertidos, tienen una singular expresión en el autoritarismo, expresado, como diría Silvio Rodríguez, de forma pequeña, frágil, casi salva. Estas manifestaciones llevan a exigir, desde una posición de fortaleza moral y del lado de una verdad propia que puede pertenecer exclusivamente a ellos mismos, que los ciudadanos restrinjan sus libertades, cuando el beneficio de lo mismo no necesariamente es superior al bienestar que brindan.

Un ejemplo muy diciente de lo anterior es el ya famoso ex abrupto de la APP de Claudia López en Bogotá, rápidamente corregido, en el que la mandataria emitió un decreto en el que los capitalinos, para poder circular, tenían la obligación de consignar su recorrido y muchos datos adicionales que harán palidecer al Gran Hermano de George Orwell: el derecho a la intimidad minimizado por la necesidad de control de la alcaldesa.

Otro ejemplo que viene por tandas es el de los límites de velocidad en vías que hoy están en gran parte de las carreteras nacionales entre 30 y 60 kilómetros por hora. Se supone que el límite de velocidad es de 120 kilómetros por hora, pero algunos funcionarios sabios, han decidido limitar la misma arbitrariamente a la mitad o un cuarto en muchos tramos, sin razón.

Que bueno sería que estas medidas se tomen desde el rigor, con estudios técnicos que tengan en cuenta el consumo de gasolina y costos competitivos de transporte para la nación, cuya falta tanto nos hace perder competitividad en el contexto internacional.

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