domingo 28 de agosto de 2022 - 12:00 AM

Vamos despacio que quiero llegar pronto

Del afán solo queda el cansancio. El problema, en este caso, es que el cansancio puede perdurar por siempre y no desaparecer de la noche a la mañana.
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Columna de
Marc Eichmann

Lo que parece desorden es velocidad. La sensación es un poco la que se siente en una experiencia de venta de apartamentos de tiempo compartido, el vendedor debe convencer al cliente antes de que este sea capaz de interiorizar la decisión que está tomando. Como si la calidad de las reformas exigiera que se pasen mientras el país está en la modorra post elecciones.

Parte de la estrategia es confundir multiplicando las propuestas, cambios a la extradición, repartición de tierras, reestructuración del ESMAD, reactivación de las relaciones e importación de gas desde Venezuela, reforma tributaria, legalización de las drogas, obligación del magisterio de enseñar el informe de la comisión de la autodenominada verdad, impuesto a las bebidas azucaradas, remoción del alto mando militar, cambio en la legislación de horas extras... Un congresista necesita ser sobrehumano para poder componer un panorama de como será la nueva Colombia con todo este menjurje y aprobar a consciencia las reformas.

Los partidos políticos que inicialmente apoyaron al gobierno ávidos de su tajada del ponqué poco a poco han despertado pero solo se oponen tímidamente a la andanada legislativa. Olvidan que los cambios que históricamente han mejorado la calidad de los humanos son graduales y deben responder a una lógica de prueba y error, y que todas las medidas están interconectadas.

La velocidad de las reformas es hoy el enemigo número uno de la calidad de vida futura de los colombianos. Hace que el congreso no pueda sopesar la correspondencia entre la visión de nuevo país con las medidas que se toman. La pausa en el camino es la diferencia entre un salto no programado al vacío y un paso firme al futuro.

La idea no es oponerse a las reformas del nuevo gobierno porque sí. Es darles tiempo de maduración para evitar propuestas que se retiren cinco minutos después o en el peor de los casos, pasen a pesar de ser inconvenientes. Del afán solo queda el cansancio dice el adagio popular. El problema, en este caso, es que el cansancio puede perdurar por siempre y no desaparecer de la noche a la mañana.

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