sábado 06 de agosto de 2022 - 12:00 AM

Corrupción a color

Existen también otras conductas clasificadas entre las definiciones de corrupción blanca y gris, y que, a pesar de tener las mismas consecuencias nefastas, son toleradas en menor o mayor medida por los ciudadanos y los dirigentes

La definición de corrupción no tiene una sola arista y son muchos los conceptos que se han desarrollado por los expertos en el tema. Lo que se tiene claro, es que el fenómeno de la corrupción afecta directamente el funcionamiento de las instituciones democráticas y la eficacia del Estado, fomentando la desigualdad social, truncando el desarrollo económico y deteriorando la legitimidad y la confianza en la institucionalidad. Todo esto, sirve de caldo de cultivo para el desarrollo de una cultura de corrupción en todas las capas sociales y la aceptación casi inconsciente, de muchas conductas ilegitimas por parte de la misma población.

La doctrina ha definido una clasificación de la corrupción, de acuerdo con su grado de aceptación en una sociedad determinada y para ello se ha utilizado la denominación en tres categorías: blanca, gris o negra.

La blanca, tolerada por la sociedad y por las élites; la gris, cuyas conductas pueden estar aceptadas bajo una sobra de ambigüedades y dudas; y la negra, que se cree absolutamente inaceptable y por tanto castigada socialmente.

En Colombia podemos identificar actos de corrupción negra, condenada sin vacilación alguna, como, por ejemplo, los escándalos de malversación de recursos del Programa de Alimentación Escolar que afecta la nutrición de los niños más vulnerables del país.

Pero existen también otras conductas clasificadas entre las definiciones de corrupción blanca y gris, y que, a pesar de tener las mismas consecuencias nefastas, son toleradas en menor o mayor medida por los ciudadanos y los dirigentes.

Ciertos hábitos, como pequeños sobornos para agilización de trámites públicos o para evitar sanciones, o como la contratación en entidades públicas en razón a la cercanía con el gobernante de turno, están tan arraigados en la vida diaria, que terminan siendo conductas adoptadas frecuentemente sin mayor resistencia ni rechazo. Y sobre esto, es necesario apuntar los esfuerzos conjuntos, tanto de la institucionalidad como del conglomerado social para su repudio general y jurídico y para conseguir una sanción efectiva, como la única vía para sentar las bases de una cultura de la transparencia y de respeto a las normas desde todos los estamentos sociales.

Y también es fundamental, multiplicar las presiones para que las acciones corruptas más graves no permanezcan impunes, porque, en caso contrario, corremos el riesgo de que lo que hoy nos indigna, logre acostumbrarnos de tal manera, que la corrupción más rapaz y dañina, se convierta en situaciones consentidas, tiñendo de gris y blanco lo que hoy se percibe como negro.

marcela pabón
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